miércoles, 19 de diciembre de 2012

Gotta Be You


Capitulo 31


Fueron pasando los días y todo seguía igual o mejor con Harry. Aún no me había pedido que fuera su novia y me estaba empezando a preocupar. Las chicas me llamaban de vez en cuando para animarme y decirme que seguramente estaba esperando al momento adecuado, y los chicos, que ya lo sabían, intentaban hablar con Harry.
Abrí los ojos lentamente y miré por la ventana, era un día precioso. Estaba soleado y no había ni una sola nube en el cielo. Era nuestro último día en España. Me quedé mirando el techo, tumbada en la cama, pensando, hasta que alguien tocó la puerta.
- Princesa, a levantarse!!! – dijo Harry asomándose por la puerta con una bandeja en la mano, me había traído el desayuno a la cama.
- ¿Me has traído el desayuno?
- Si. – dijo sonriendo.
- Pero, ¿no es mucho para una persona? – pregunté divertida.
- Bueno… yo…
- ¿No has desayunado?
- La verdad es que no.
- Ven aquí. – dije dejando un espacio para que se sentara a mi lado.

Se sentó a mi lado y desayunamos en mi cama. Estábamos sentados muy juntos en mi cama como una pareja, pero lo malo es que no lo éramos. Sabía que era nuestro último día y probablemente querrían salir todos a dar una vuelta para hacer turismo.
- Carol. – me llamó.
- ¿Qué pasa? – dije levantando la vista.
- Hoy es nuestro último día y, bueno, me gustaría que tú y yo…
- Claro.

- ¿Sabías lo que iba a pedirte?
- No, pero contigo hasta el fin del mundo.
- Entonces, vístete y nos vamos. – dijo saliendo de la habitación para que pudiera cambiarme de ropa.


Encima del gran escritorio había un reproductor de CDs, lo encendí y miré el que había dentro. Take Me Home, de One Direction. Subí el volumen y me puse a bailar. El día no podía haber empezado mejor. No sabía que ponerme, todo lo que me había traído no me gustaba lo suficiente. Miré con más detenimiento cada prenda que había y me di cuenta de que había algo que no me pertenecía. Era un precioso vestido ibicenco blanco. Tenía una nota pegada. ‘Una princesa necesita un vestido a su altura. Te amo.’ Esto no estaba pasando, solo era un sueño del que no quería despertar nunca. Me puse el vestido y busqué unos zapatos que fueran a juego, y allí me encontré con una caja con otra nota. ‘¿Pensabas que me olvidaría de los zapatos? Espero que te gusten. Date prisa, princesa. Te quiero.’ Eran unos preciosos botines con tacón. Me vestí con la ropa que me había regalado Harry y bajé las escaleras para encontrarme con mis amigos, no había nadie. Seguí buscando por dentro de la casa. Me la recorrí entera y no estaban. Salí al jardín y me encontré con un camino de pétalos de rosa. Miré de un lado a otro para ver si me encontraba con alguien, pero no tuve suerte. Sin darme cuenta, empecé a reírme como una niña, que en el fondo lo era, y seguí el camino. Los pétalos salían de la casa y cruzaban la calle, hasta meterse en un pequeño parque. El camino se acababa allí. Miré al suelo y allí había un sobre que ponía ‘Ábrelo princesa.’ Lo cogí y lo abrí. Saqué el papel, pero solo ponía tres palabras. ‘Date la vuelta’. ¿Qué me dé la vuelta? Lo hice y allí estaba la persona por la que mi corazón suspiraba.
- Sabía que el blanco te sentaría estupendamente. – dijo cogiéndome de la cintura y atrayéndome hacia su cuerpo. – Por cierto, estás preciosa.
- ¿Cómo sabías mi talla? – dije rodeando su cuello con mis brazos.
- Intuición masculina. – rió y se acercó aún más.
- Gracias, no tenías porque regalarme nada.
- A partir de ahora te tendrás que acostumbrar. ¿Vamos?
- Claro, ¿pero a dónde?
- Es una sorpresa. – dijo mientras me besaba lentamente, disfrutando del beso.

Me cogió de la mano y salimos del parque para dirigirnos a la sorpresa que Harry me había prometido. Andamos un largo rato por las preciosas calles de Madrid cogidos de la mano, charlando, disfrutando de la compañía del otro, pero sobre todo, enamorados. Llegamos al Parque del Retiro, que era precioso, y caminamos hasta una zona un poco apartada que estaba llena de árboles. Caminamos un poco más y nos encontramos un mantel rojo de cuadros y una cesta encima. Tenía otra nota. Harry me indicó que la cogiera y así lo hice. ‘Sorpresa!! Sé que las princesas comen en palacios, pero pensé que un picnic sería más romántico. Te quiero.’ Cuando acabé de leer la nota, me di la vuelta y abracé a Harry. Este chico era un romántico, con letras mayúsculas, y me encantaba.


- ¿Comemos? – me sonrió, era la sonrisa más bonita que había visto nunca.
- Claro.

Nos sentamos y todo siguió igual, igual de perfecto. Comimos tranquilamente, no había prisa. Harry sacó dos trozos de una tarta de chocolate, y mientras las ponía en dos platos, yo aproveché para poner mi móvil en silencio. No quería que nadie nos molestara. Harry me dio un plato con un trozo de esa tarta, la probé y fue como tocar el cielo, estaba riquísima.
- ¿Dónde la has comprado? – pregunté saboreando otro pedazo de ese manjar.
- La he hecho yo. – dijo soltando una carcajada.
- ¿En serio? Pues es la tarta más rica que he probado en mi corta vida.
- Me alegro de que te guste.
- Tienes que enseñarme a cocinar, lo haces genial.
- Claro, cuando quieras el maestro te enseña. – dijo fanfarroneando.

Seguimos comiendo mientras él me hacía reír. Era muy gracioso y me lo pasaba genial con él, era único en el mundo y era mío. El tiempo a su lado pasaba muy despacio, pero no me importaba. No quería que este día acabara nunca, todo era perfecto y eso que aún no llevábamos ni la mitad. De repente Harry se levantó y me tendió la mano. Yo se la cogí y tiró de mí para ponerme de pie. Me cogió de la cintura y nos alejamos de allí.
- ¿A dónde vamos ahora? – dije entusiasmada.
- No seas impaciente. Ya lo verás, princesa.

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