jueves, 20 de diciembre de 2012

Gotta Be You


Capitulo 32

No podía parar de sonreír y eso me encantaba de ella, tenía una sonrisa preciosa, como toda ella. Cuando la vi aparecer con ese vestido por casi me desmayó de lo guapa que estaba, el blanco le sentaba genial. Parecía un ángel. No era como las otras chicas. Ella no quería regalos, no quería que la llevara a fiestas de famosos, ella era todo lo contrario a mis exnovias. Pero lo que más me preocupaba era que iba a convertirse en cantante y, seguramente, sería muy famosa. Si lo conseguía, estaría rodeada de chicos más guapos que yo y lo más probable era que se fuera con alguno de ellos, con alguien más maduro. No, ahora no podía pensar en eso. Ahora lo que tenía que hacer era disfrutar de su presencia y hacerla feliz. Era el hombre más feliz de la Tierra por tenerla a mi lado. Llegamos a casa y le abrí la puerta del coche. Ella subió y yo entré para llevarla a disfrutar del mejor día de su vida. Encendió la radio y nos pusimos a cantar y a reír. Lo hacía de maravilla, seguro que sería una grandiosa cantante. Conduje durante un largo rato hasta que, pasados 45 minutos, llegamos a nuestro objetivo. Un parque de atracciones. La miré y no podía para de sonreír. Me miró y se fue acercando lentamente hasta quedar a escasos milímetros de mi rostro. Un poco más y ya estaba.
- Gracias. – dijo, pude sentir su aliento en mis labios.
- ¿Gracias, por q…? - no pude acabar la pregunta porque me calló con un beso.

Bajamos del coche y fuimos a por las entradas. El parque no estaba muy lleno, perfecto. El día fue transcurriendo entre risas, bromas, besos y caricias. Me encantaba esta chica, no sé cuantas veces lo habré dicho ya. De repente, Carolina se detuvo ante una gran montaña rusa. La miré y sus ojos brillaban de la felicidad. Podría estar observándola todo el día si no me hubiera preguntado si quería subir con ella. No respondí inmediatamente, ya que me daban miedo las montañas rusas. Sé que puede sonar un poco raro o infantil que un chico de 18 años tenga miedo de las montañas rusas, pero las cosas como son. Carolina me miró y yo no sabía que decir. No quería que subiera a ese trasto sola, pero yo no quería montar.
- ¿Estás bien? – me preguntó preocupada.
- Si, no es nada. – dije tranquilamente. - ¿Subimos?
- Claro. – me cogió de la mano y caminamos hasta la terrorífica atracción.

Estábamos a punto de subir y yo estaba muy nervioso. Carolina, al parecer, lo notó ya que me cogió la cara con las manos y me obligó a mirarla.
- Harry, ¿te dan miedo las montañas rusas? – ¿como podía haberlo adivinado?
- Bueno… esto… - no sabía como decírselo.
- Harry, si no quieres o te da miedo no hace falta que subas conmigo.
- Pero no quiero dejarte sola.
- No pasa nada. – dijo besando mi mejilla.

Salí de la fila y me senté en un banco a esperarla. Desde donde estaba sentado se podía ver la atracción con toda claridad. La vi sentarse en un vagón, el asiento de al lado estaba vacío y el hombre que se hacía cargo de la montaña rusa llamó a una persona de la fila para ocupar el lugar libre. Los primeros de la fila eran un grupo de chicos de nuestra edad, más o menos. El que estaba en medio vio a Carolina y se ofreció para subir. Se fue acercando hasta el vagón y se sentó al lado de mi chica. Los vi, estaban hablando y no me gustaba. Los celos podían conmigo, no sabía que hacer. Mi móvil sonó. Era Louis.
- Hola, Louis. – dije desanimado.
- ¿Qué pasa Hazza? – pude detectar preocupación en su voz.
- Pues, que estamos en el parque de atracciones.
- ¿Y que tiene de malo?
- Qué se ha montado en la montaña rusa
- Ah, ¿tú no has montado?
- No, sabes que me dan mucho miedo.
- Bueno, no pasa nada ¿verdad?
- Si, que ella se subió a un vagón y el asiento de al lado quedó libre. Entonces un chico de nuestra edad, más o menos, se ofreció para ocupar el lugar y se ha montado con ella. Después se ha puesto a hablar con Carolina y los celos me están matando
- Tranquilo, sabes que Carolina no te engañaría. Confía en ella.
- Lo hago, pero…
- Tío, si estás celoso es que dudas de lo que ella siente por ti.
- Bueno, te dejo que ya llega Carolina. – dije mientras me levantaba.
- Harry!! – gritó mientras corría a mis brazos.
- Princesa, ¿estás bien? – pregunté preocupado.
- Si!! Es la mejor atracción en la que me he montado.
- Me alegro de que te guste. – dije besándola lentamente. – Es tarde y me queda la última sorpresa del día.
- ¿Hay más?

Salimos del parque de atracciones  y nos montamos en el coche. Era de noche y estaba nervioso por esta última sorpresa. No sabía por que, pero estaba un poco pesimista después de ver como ese chico intentaba ligar con mi novia, bueno no es mi novia pero después de que acabe este día lo será, estoy seguro o eso quería pensar. Paré en la mitad del camino y la miré. Estaba esperando mi sorpresa bastante ansiosa.
- Toma, ponte esto. – dije tendiéndole un trozo de tela negra.
- ¿Para qué?
- Tú confía en mí.

Se lo puso y comprobé que no veía nada, así pude seguir nuestro camino. Conduje durante 15 minutos y llegamos. Aparqué y me bajé del coche para abrirle la puerta.
- Carolina, hemos llegado. – dije tendiéndole la mano para ayudarla a bajar, ya que tenía aún la venda puesta.
- ¿Dónde estamos?
- Espera. – se puso de pie y la llevé hasta la puerta. Entramos y la llevé ante su sorpresa. Me puse detrás de ella y le quité la venda lentamente. – Sorpresa.

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