sábado, 26 de enero de 2013

Gotta Be You


Capitulo 52

Llegamos a casa, cansados de tanto andar pero risueños después de haber pasado una tarde como esa. Este chico era increíble, y cada día me enamoraba más de él. Hacía lo que fuera para verme feliz sin esperar nada a cambio, solo quería verme feliz. Estaba siempre a mi lado cada vez que lo necesitaba y si no podía hablábamos durante horas por el móvil. Cada vez que me iba a dormir una pregunta se introducía atropelladamente en mi cabeza. ¿Qué hubiera pasado si no me hubiera chocado con Harry en la plaza y este no me hubiera ayudado a levantarme? ¿Qué habría sido de mí si no hubiera pasado eso? Seguramente habría sido una chica más de este enorme mundo, estaría con mis amigas como antes y puede que tuviera un novio normal, ningún cantante, modelo, actor, de los que ahora se fijan en mí… solo un chico normal. Pero, ¿de verdad yo quería a un chico normal? No lo sé, yo solamente quiero estar junto a Harry, aunque fuese el chico más normal de la Tierra.
- Princesa, ¿quieres algo de comer? – me dijo la dulce y sexy voz de Harry.
- No sé, ¿qué me ofreces? – le pregunté con el único objetivo de hacerle rabiar.
- Lo que quieras.
- Pero ¿qué es lo que yo quiero?
- No sé, ¿pasta? ¿carne? Lo que quieras. – dijo divertido.
- ¿Sabes que? Sorpréndeme.
- Tú espera aquí sentada y yo te atiendo como la princesa que eres.
- Gracias, cielo. – dije antes de que me besara.

Encendí la televisión y miré las noticias un rato. Me relajaba saber lo que pasaba en el mundo exterior ya que me sentía como en una burbuja, encerrada y ajena al mundo. Las pocas veces que las veía pasaban lo mismo, atentados, asesinatos, niños muriendo, secuestros, violaciones, todo malo, nunca informaban de nada bueno. Subí a mi habitación para ponerme el pijama y así estar más cómoda. Después de vestirme, fui a la habitación de Cris porque necesitaba hablar con ella y desahogarme, pero no la encontré por ningún lado. Busqué por toda la casa y no había nadie. ¿Dónde diablos se había metido todo el mundo? Bajé rápidamente a la cocina donde estaba Harry, suerte que seguía allí, y le pregunté por los demás. Él no tenía ni idea de donde estaban, cuando se giró me miró de arriba abajo sin parar de sonreír.
- ¿Sabes que estás muy sexy? – me dijo sin quitarme la mirada de encima. Miré mi ropa y pude darme cuenta de que mi pijama de toda la vida consistía en unos pantalones cortos, muy cortos diría yo, y una camiseta de manga corta que con el paso del tiempo me había quedado pequeña, pero para dormir no me molestaba en absoluto.
- ¿Qué has cocinado? – pregunté intentando evitar el tema.
- Tu comida favorita, espaguetis a la carbonara y para beber un exquisito vino blanco. La comida ya está en la mesa, vamos.
- ¿Te has cambiado de ropa mientras yo no estaba? – dije cuando me di cuenta de que llevaba una camisa blanca y unos pantalones negros con unos zapatos también del mismo color.
- Si y parece que tú también. ¿Voy un poco formal?
- Sí, ¿y yo demasiado informal? – reímos los dos.

Nos sentamos cada uno en una punta de la mesa y empezamos a comer. Los dos estábamos en silencio y no sabíamos que decir, yo necesitaba hablarlo con alguien pero quería hablarlo con alguna de mis amigas. La comida estaba deliciosa, aunque fuera mi plato favorito Harry cocinaba como una chef profesional. No tenía mucha hambre pero no quería parecer maleducada por no comerme la comida que Harry me había preparado con todo su amor. Comía lentamente y cuando había comido ya un poco menos de la mitad, Harry ya había terminado su plato. Mientras comía al ritmo de una tortuga, el chico que estaba sentado enfrente de mí me miraba con esos impresionantes ojos verdes. Dejé los cubiertos en la mesa y le miré fijamente.
- ¿No vas a comer más? – me preguntó mirándome a mí y mirando a mi plato.
- No me entra más. – dije riendo.
- No pasa nada. – dijo riendo.
- ¿Lo quieres? – le ofrecí mi plato. – Es para no tener que tirarlo. Me da pena saber que hay muchas personas pasando hambre en el mundo y yo tener que tirar la comida.
- Con ese bonito discurso me has convencido. – dijo engullendo lo que quedaba en mi plato.
- Relájate que nadie te lo va a quitar.
- Eso nunca se sabe, sobre todo teniéndote al lado y sabiendo que estás muy loca.
- ¿Encima yo? Si soy adorable.
- Más que yo te puedo asegurar que no.
- Apostamos lo que quieras.
- ¿Quieres que la gente decida? – preguntó divertido.
- Claro.
- Pues vale, hagamos una encuesta.
- Y el que pierda hará lo que el otro quiera durante… no sé ¿una semana?
- ¿No es mucho?
- ¿Tienes miedo? – dije acercándome demasiado para provocarle.
- No, pero no quiero que pierdas y te sientas mal. Luego tendré que consolarte. – se acercó el más.
- Pues no se hablé más. – dije separándome de golpe y echando a correr.

Me asusté al ver la cara de terror de la mujer y comprendí que no lo había pasado muy bien la época que estuvo ligada a ese hombre. No entiendo como alguien pude intentar matar a Carolina, ella era un encanto de chica. Ahora comprendía perfectamente porque Carolina nunca se había puesto ropa corta o bañador. No era porque tuviera algún complejo como yo creía, sino por lo que ese hombre le hizo. Me levanté del sofá de golpe y cogí las llaves del coche, pero antes me giré para poder ver una vez más a la fuerte mujer que había luchado por su hija.
- ¿Dónde está la casa donde vivían antes de mudarse a Holmes Chapel? – pregunté antes de dirigirme a la puerta.
- A cinco manzanas de aquí, en la calle River Street, nº 5. ¿Por qué? – preguntó extrañada.
- Tengo una cosa que resolver.
- Niall!! ¡¿Estás loco?! Es mejor llamar a la policía. – me dijo Cris muy preocupada.
- Tengo que ayudarla, es mi mejor amiga y no la pienso volver a ver así por todo esto. Voy a arreglarlo.
- Deja que te acompañe.
- No, tú te quedas con los chicos. Puede ser peligroso.
- Nosotros vamos contigo. – dijeron Liam, Louis y Zayn a la vez.
- De acuerdo, no perdamos más tiempo.

Salimos de la casa dejando a nueve mujeres muy preocupadas por nosotros dentro de la casa. Subimos al coche y conduje hasta la calle que me había dicho. No tardamos mucho en llegar ya que estaban muy cerca la una de la otra. No era muy grande pero por fuera era preciosa. Aparqué el coche justo en frente y pude ver un coche en el garaje, que estaba ligeramente abierto. Les indiqué a los chicos que me siguieran y nos adentramos silenciosos en la casa. Estaba abandonada y parecía que no había nadie, o eso era lo que creíamos.

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