lunes, 25 de febrero de 2013

Gotta Be You


Capitulo 56

Fui a mi casa y cogí la ropa de mi armario para meterla en la maleta, después cogí la correa de Bobby y me dirigí al aeropuerto. Allí compré un billete para New York y esperé a que el vuelo saliera. No le había avisado a nadie de que me iba ni a mi madre, solo había dejado una nota explicando la desaparición de Bobby. El vuelo fue muy largo, lo único que hice fue llorar, dormir y volver a llorar. A mi lado había una niña pequeña y a su lado un asiento vacío que enseguida fue ocupado por un chico, más o menos, de mi edad. Este me vio llorar, cosa que yo intenté evitar, y le pidió a su compañera de vuelo que le cambiara el sitio.
- Claro. – accedió esta amablemente.
- Gracias, Susie. – dijo después de darle un beso en la mejilla y más tarde me miró. - ¿Te ocurre algo? – tenía unos impresionantes ojos verdes que me recordaban demasiado a Harry, cosa que hizo que volviera a llorar. – Oye, tranquila. No llores, por favor, me mata ver mujeres sufriendo.
- Tranquilo. – pude decir entre sollozo y sollozo.
- Si quieres, cuando te calmes me puedes contar que te pasa.
- ¿A ti nunca te han roto el corazón? – le pregunté sin andarme con rodeos.
- De momento… - dijo poniendo una cara pensativa que hizo que me riera un poco. – No, nunca he tenido el privilegio de enamorarme.
- Pues no lo hagas, es una mierda.
- La persona que te ha hecho esto debe de ser muy idiota, no entiendo como puede dejar escapar una chica como tú.
- ¿Puedes firmarme un autógrafo? – oí la voz de un chico a mis espaldas. – Es para mi novia.
- Claro, pero a cambio de una cosa. – dije muy seria.
- ¿Qué? – preguntó confuso.
- Nunca le rompas el corazón.
- De… de acuerdo.
- ¿Un autógrafo? – preguntó mi compañero de vuelo, del que aún no sabía nada.
- Sí, ¿no sabes quién soy?
- No.
- Pues yo tampoco sé quien eres, así que estamos en igual de condiciones.
- Jake.
- Carolina.
- Un placer, señorita famosa.
- El placer es mío, desconocido. – respondí a lo que los dos reímos.

Estuvimos hablando durante casi todo el vuelo. Él me explico que iba a New York por motivos familiares, tenía la misma edad que yo. Yo le expliqué mi situación, mi mundo, por así decirlo. Habíamos conectado mucho estas horas que nos habíamos conocido, era un chico muy agradable. Estábamos hablando tan tranquilamente hasta que mi inoportuno móvil sonó, no tenía ganas de hablar con él. Dejé que sonara hasta que me llegó un mensaje, también suyo. “No voy a dejar de llamarte hasta que me lo cojas.” Jake me miró desconcertado, no entendía por qué mi móvil sonaba tanto y por qué yo no lo cogía. Lo puse en modo vibración para no molestar a la gente, pero era peor. Este chico nunca se iba a rendir.
- Jake, ¿puedo pedirte un favor? – le pregunté suplicante.
- Claro, lo harás de todos modos. – vi una vez más su perfecta sonrisa.
- ¿Puedes contestar tú al teléfono?
- Claro. – dijo cogiéndome el móvil y contestando. - ¿Hola? No, soy un amigo. Sí, adiós.
- No quiero saber nada de lo que ha dicho.  – dije antes de que él hablara.
- De acuerdo. – me ofreció un auricular y escuchamos música el resto del vuelo.

¿Quién era ese tío? ¿Por qué había contestado al teléfono de mi novia? Y la última y más importante de las preguntas que me venían a la cabeza, todas a la vez. ¿Por qué se había ido sin avisar? Esto me pasaba por no estar pendiente de ella, al fin y al cabo, solo es una niña, pero es mi niña. Estos días me había centrado más en la pegajosa de mi ex novia, que accidentalmente me la había encontrado por la calle, que en mi fantástica novia. ¿Será por eso? ¿Por qué no le he hecho caso? Es lo más probable, yo también habría hecho lo mismo. ¿Pero, a que venía que contestara un chico a su móvil? Miré el registro de llamadas de mi teléfono y vi una suya. Esta mañana yo no había hablado con ella, es más, había estado con Melanie. Fui corriendo a la casa del hermano de Melanie para hablar con ella, estaba muy enfadado. Solo esperaba que no estuviera su hermano, me intimidaba bastante.
- Hola Harry, que alegría volver a verte. – me saludó y me miró de forma coqueta mientras se mordía el labio inferior. La verdad era una chica preciosa y en otros tiempos no habría rechazado sus continuas indirectas, pero ahora estaba muy enfadado con ella.
- Eres despreciable. Está mañana contestaste a mi móvil mientras no estaba y por tu culpa ahora todo se ha ido a la mierda.
- No ha sido por mi culpa, ella me ha dicho que la olvidaras de por vida. ¿No lo ves? No te quiere. En cambio, yo si. – dijo poniendo sus brazos alrededor de mi cuello.
- Me da igual, yo la quiero a ella. – dije apartándola de mí de un empujón. – Melanie, olvídate de mí, de por vida. – dije remarcando las últimas palabras.

Me dirigí al coche dejándola allí plantada en la puerta. ¿Cómo me podía haber hecho eso? Al parecer era demasiado rencorosa, como todas las demás. Por su culpa había perdido lo que más amaba en este mundo. Conduje por las calles a toda velocidad rumbo a la casa de Carolina, incumpliendo un montón de señales de tráfico. Estaba bastante lejos de mi objetivo y estaba muy nervioso, no sabía a donde había ido. Estaba tan centrado en llegar a la casa que no me di cuenta de que un coche de policía me seguía con la sirena encendida. Paré el coche a un lado de la carretera y bajé la ventanilla. Unos breves minutos después, un policía apareció en la ventanilla.
- ¿A dónde cree que iba tan rápido? – me preguntó el agente con una grave voz. Era bastante alto pero se notaba que era aún muy joven. Parecía que quería intimidarme.
- Lo siento mucho agente pero tengo mucha prisa. – contesté rápidamente.
- Si ya, como todos. – rió sarcástico. – La multa no se la quita nadie.
- Tango mucha prisa. – no sabía si contarle el verdadero motivo de mi infracción. – Agente, la chica de la que estoy enamorada se ha ido y quiero ir a buscarla. Por favor, déjeme marchar.
- ¿Su novia?
- No lo sé, solo sé que es la chica a la que amo.
- Le abriré camino con el coche.
- Gracias. – se lo agradeceré eternamente.
- No me las dé, he pasado por algo parecido hace poco. – me dijo antes de subir al coche patrulla y arrancar.

Una vez en el aeropuerto, Jake y yo intercambiamos los números de teléfono, prometiendo quedar algún día. Caminé lentamente por el abarrotado aeropuerto con la única compañía de mi pequeño cachorro. Pedí un taxi y fui a mi casa. Al fin en casa, cuanto la había añorado. Subí a mi habitación y empecé a colocar toda la ropa en el armario, ¿qué le había hecho yo para que volviera con su ex? ¿De verdad me había cambiado por esa? Todas esas preguntas estaban en mi cabeza haciendo que esta me doliera. Estaba entrando en el típico estado de depresión, pero no quería. Yo no era como las otras chicas, no me deprimiría solamente porque mi novio me haya puesto los cuernos. Sí, así dicho suena fatal por mi parte pero es la verdad. Me costaría mucho olvidarle, aunque por su culpa no iba a privar posibilidad alguna de conocer a otras personas.
- ¡¿Nadie va a coger el teléfono?! – grité antes de darme cuenta de que estaba sola. Bajé corriendo las escaleras y contesté. - ¿Hola?
- ¿Carolina?

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