viernes, 17 de mayo de 2013

Capitulo 1 – Las promesas están para cumplirlas.

Sábado por la mañana. Hoy no tenía nada que hacer, o mejor dicho, no quería hacer nada. Desde que se había ido no había tenido ganas de hacer nada, y eso que ya habían pasado dos años. Bajé las escaleras y allí estaban mis padres, discutiendo otra vez, para variar. Pasé olímpicamente de ellos y me preparé mi desayuno. Me tomé mi vaso de cola Cao tranquilamente en el salón mientras veía la tele. Nada interesante. El día no podía haber empezado mejor. Ya que no tengo nada que hacer, voy a presentarme. Mi nombre es Carolina Senderson y tengo 16 años recién cumplidos. Soy americana, de Boston en concreto, y me mudé aquí, a Doncaster por culpa de mis padres cuando iba a empezar la primaria. Mi pelo es castaño y cae por mi espalda formando unas perfectas ondas hasta mi cintura. Tengo los ojos de un simple y corriente color marrón, es la parte de mi cuerpo que más odio, son demasiado corrientes. No soy ni alta ni baja, digamos que de estatura media, y soy una chica delgada, quizás demasiado. No soy la típica persona con la que puedes tener una conversación de horas pero sí puedes desahogarte conmigo, lo que mejor sé hacer es escuchar. Solo tengo dos amigos: mi mejor amiga, que la tengo para todo, y mi mejor amigo, que hace dos años que se ha ido y aún no ha vuelto.
- Carolina, ¿estás bien? – era la voz de mi padre.
- Que más te da, vete a discutir con mamá que es lo mejor que sabes hacer. – le eché en cara. Odiaba cuando se ponían a discutir y hace unos meses era lo único que hacían.
- Sabes que tu madre y yo no estamos pasando por nuestro mejor momento.
- ¡¿Y tenéis que pagarlo conmigo?! ¡¿Arruinándome la vida con vuestras estúpidas discusiones?! – me levanté de un saltó del sofá y le grité, de verdad lo estaba pasando fatal.
- Cielo…
- Me voy. – abrí la puerta y me fui. Nadie me siguió ni esperaba que lo hicieran.

Anduve por las desiertas calles del pueblo en busca de consuelo. En este instante le necesitaba más que a nada en el mundo pero habíamos perdido prácticamente el contacto. Desde que se fue intenté distraerme haciendo otras cosas como apuntarme al equipo de voleibol, a clases de fotografía y todo eso. No le podía olvidar, ni a él ni a lo que sentía. Sí, llevaba enamorada de él demasiado tiempo y se me hacía insoportable estar sin él. Lo veía en la televisión, lo oía en la radio, soñaba con él. Ya era una obsesión. Llegué al parque donde solíamos estar los tres tirados en la hierba bajo nuestro árbol, un viejo olmo. Me senté bajo sus ramas y me quedé allí pensando. Podría pasarme horas o, incluso, días en esta posición sin moverme. Mirando al horizonte junto con mis pensamientos. De repente una voz conocidísima para mí me llamó.
- Carol, llevo llamándote cinco minutos seguidos. – dijo la chica que tenía delante.
- Lo siento, Jade. – me disculpé y seguí mirando el horizonte. – Estaba pensando, nada más.
- Deja de torturarte, no te mereces todo esto. – me intentó consolar mientras acariciaba a su pequeño perrito, Tommo.
- No puedo dejar de pensar en él y en su promesa.
- Carol, ha cumplido su sueño y sabes que está muy ocupado.
- Jade, me lo prometió.
- Hará lo que pueda por volver o, sino, ya haremos lo que podamos para ir a verle.
- Las promesas están para cumplirlas. – dije aún mirando el horizonte. Sentí un brazo sobre mi hombro y era mi amiga que me estaba abrazando. Ella sabía que no lo estaba pasando nada bien.
- Vamos, te invito a mi casa a comer.
- Sabes que no me gusta estar en deuda con nadie. – dije ignorando su comentario.
- No molestas, para mi madre eres como una hija más. – me ayudó a levantar. – Además, si no vienes te obligaré.

Fuimos andando hasta su casa, que no estaba lejos de la mía. Jade era la mejor amiga que podía encontrar, era única para mí. Siempre tenía una sonrisa en el rostro y era mi único apoyo en estos momentos. Ella lo sabía todo de mí y yo de ella, nos lo contábamos todo. Días después de que se fuera, le conté todo lo que sentía por él, le conté que me había enamorado por primera vez. Era un año mayor que yo, era como mi hermana mayor, siempre cuidando de mí. Era alta, delgada y con el pelo largo castaño. Llegamos a su casa después de andar unos diez minutos. Pasamos y ella le quitó la correa a Tommo, este corrió dentro de la casa. Fuimos al salón donde estaba Wendy, hermana de Jade, viendo la tele. Ella nos saludó con un beso en la mejilla a cada una y continuó a lo suyo. La verdad, la familia de Jade era como la mía. Desde hace unos meses pasaba más tiempo en esta casa que en la mía, ellos me trataban como a una más. Vimos la tele con Wendy hasta que oímos la puerta de la entrada abrirse.
- Ya he llegado. – oí la voz de Norma, la madre de Jade.
- Estamos en el salón, mamá. – dijo mi amiga en voz alta para que la oyera.
- Hola chicas. – nos dio un beso a cada una, incluida a mí.
- ¿Qué tal, Carol? – me preguntó Marc, también hermano de Jade.
- Podría estar mejor. – contesté mirando el suelo.
- Ya verás que todo irá mejor. – me abrazó por detrás.
- No lo sé.
- Voy a preparar la comida. – anunció Norma. – Carolina, te quedas a comer.
- Tranquila, ya me había obligado Jade.

Estuvimos en el sofá viendo la televisión hasta que mamá, ya era como mi verdadera madre, nos llamó a comer. Fuimos y nos sentamos en el orden de siempre, eso significaba que ya había comido más veces allí. Ellos sí eran una familia de verdad, faltaba el padre de Jade pero seguían siendo una familia feliz. Comimos entre risas, intentaban animarme, y conseguí reírme. Ayudé a recoger la mesa una vez que habíamos terminado y entre Jade, Marc y yo fregamos y limpiamos todo. Me sentía mal por comer muchas veces con ellos, me sentía en deuda y no me gustaba. Volvimos al sofá y continuamos viendo la tele. Marc tenía el mando y estaba pasando canales.
- Wendy, ¿ese no es el grupo que tanto te gusta? – preguntó Marc dejando un canal donde estaba él.
- ¡Sí! – gritó la niña.

Estaban poniendo una foto de cada miembro hasta que salió la suya. No pude aguantar más y salí de allí antes de que las lágrimas resbalaran por mis mejillas. Marc no tenía la culpa, él no sabía nada, y Wendy menos, solo tenía once años. Me senté en el escalón de la entrada y me puse a mirar a la gente pasar. Inmediatamente sentí a alguien sentarse a mi lado, Jade seguro. Me abrazó y estuvimos todo el rato calladas, no necesitábamos hablar para saber como estábamos. Pasados cuarenta y cinco minutos, decidimos ir a dar un paseo. Jade avisó a su madre de lo que íbamos a hacer y nos fuimos. Caminamos la una al lado de la otra hasta el parque donde estábamos antes. Nos sentamos bajo nuestro viejo olmo y descansamos bajo su fresca sombra. Me di la vuelta y pude ver nuestros nombres grabados en el robusto tronco. Mi nombre, el de Jade y… el suyo.
- ¿Te vas a presentar al concurso de talentos? – me preguntó Jade sacándome de mi mundo.
- No lo había pensado.
- El año pasado no te presentaste. Para nosotros es una tradición presentarse.
- ¿Para que voy a presentarme si él no está?
- A él le gustaría que te presentaras y ganaras.
- Aunque me presente nunca voy a ganar. – miré al frente. – Sabes que siempre lo hace Alice.
- Esa no tiene el talento que tienes tú. – me animó. – Vamos, preséntate.
- No lo sé.
- Va, Carol.
- Solo con una condición.
- ¿Cuál?
- Que vas a dejar de insistir.
- Esa es mi chica. – dijo y las dos reímos.

Pasamos allí la tarde y cuando empezó a anochecer cada una fue para su casa. Jade no paró de insistirme en que me quedara a dormir con ella pero yo la ignoré completamente. Entré en mi casa y no había nadie. Mejor, así no molestaban. Fui al baño para lavarme los dientes y después a mi habitación para ponerme el pijama. No lo encontraba y me tocó coger uno nuevo, seguro que mi madre lo había puesto para lavar. Abrí el armario y el único limpio que tenía era el que me regaló él hace tres años, por mi cumpleaños. Otra noche sin dormir por culpa de soñar con ese chico, genial.

Al día siguiente no hice nada. Me quedé en mi cama hasta las cuatro de la tarde y, ya a esa hora, me levanté y me vestí. Fui otra vez al parque de siempre y me senté bajo el árbol de siempre. Minutos después apareció Jade que, en cuento me vio, se sentó a mi lado. Estuvimos toda la tarde hablando y yo no podía dejar de recordar la promesa que me había hecho. “Tranquila, pequeña. Lo más probable es que no me cojan. Pero si lo hacen, volveré a por ti. Te lo prometo”. Esas palabras se repetían constantemente en mi cabeza y yo me aferraba a la mínima posibilidad de que lo cumpliera y volviera. Lo prometió, me lo prometió.

Lunes, lo que significaba volver al infierno que tenía por instituto. Me duché y vestí para bajar a desayunar, se me hacía tarde otra vez. Bajé las escaleras corriendo y entré en la cocina para coger lo primero que pillara para desayunar. Ignoré a mis padres como solía hacer siempre y salí corriendo hacia el instituto, no sin antes pasar por su desierta casa. Nadie había vuelto a entrar en esa casa desde que se fue, incluida su familia que se fue con él. Entré en clase y me senté detrás del todo, como empecé a hacer hace dos años. Sonó el timbre y empezó una aburrida clase de historia, seguida de una de matemáticas y, para rematar este “interesantísimo” día, una escalofriante clase de biología. A la hora del patio fui con Jade a la cafetería para almorzar juntas. Al poco rato, llegó Marc que se nos unió. Los tres estábamos hablando hasta que volvió a sonar el timbre. Me tocaba clase de música así que me dirigí al auditorio, lugar donde se impartían las clases de dicha asignatura. Ya había llegado todo el mundo y yo era la última, como siempre. La profesora nos pasó un pequeño formulario a la gente que queríamos apuntarnos al concurso de talentos. Cogí uno y me dispuse a rellenarlo.
- ¿Así que vas a volver a intentarlo? Pensé que te habías rendido. – dijo una chillona voz delante de mí. Allí estaba la irritante Alice.
- Déjame en paz. – dije de mala gana. – ¿No tienes a algún tío al que meterle la lengua hasta la tráquea?
- Piérdete mocosa.

Terminé de rellenar mi formulario y se lo entregué a mi profesora. Cuando se lo di, esta me miró y me asintió con la cabeza a la vez que me sonreía. Prepárate Alice, porque este año voy a aplastarte como el bicho que eres, vuelvo a la competición. Las tres del mediodía, por fin libre. Acompañada de Jade y Marc fuimos a su casa. Una vez allí, después de que insistieran, entramos dispuestos a devorar cualquier cosa comestible. Cuando entramos pude oler el exquisito aroma de, lo que parecía, una pizza. Pusimos la mesa y nos sentamos a comer.
- ¿Mamá, estás bien? – preguntó Jade risueña.
- Sí, ¿por?
- Porque nunca haces pizza entre semana. – le dijo Marc soltando una risita.
- Hoy es un día especial.
- ¿Por qué? – me interesé por la conversación.
- Has vuelto a competir en el concurso de talentos.
- ¿En serio? – preguntó Marc sorprendido.
- Sí, dale las gracias a tu hermana.

Continuamos la comida tranquilamente, como había empezado. Después de recoger, Jade y yo nos sentamos en el escalón a ver la gente pasar. Estábamos hablando de nuestras cosas cuando un grupo de chicas pasó gritando. Nos las quedamos mirando hasta que desaparecieron, después nos miramos las dos y nos echamos a reír. La gente cada día estaba peor. Continuamos sentadas hasta que Jade se levantó para ir al baño. La esperé sentada recordando viejos tiempos, cuando él estaba a mi lado. ¿Por qué el destino tenía que ser tan cruel? Separarme de la persona a la que amaba me estaba matando por dentro y por fuera. No tendrían que haberle cogido en ese patético concurso. Pero que digo, eso sería muy egoísta por mi parte. ¿No dicen que si quieres a alguien tienes que dejarlo libre, y si eres correspondido volverá? Ahí tenía la respuesta, no era correspondida. Él podía conseguir mujeres mejores, claramente no iba a fijarse en mí. ¿Qué soy yo para él? Como su hermana pequeña y, ¿quién sale con sus hermanos? Nadie.
- Ya te lo he dicho, no te tortures más. – me sorprendió la voz de Jade.
- Aunque quiera no puedo dejar de hacerlo.
- Tienes que intentarlo.
- Pero me lo prometió y las promesas están para cumplirlas.


3 comentarios:

  1. me encanta, cada bez escribes mejor esta novela tiene muy buena pinta
    pero chica me tiene intriga quien es el chico de los cinc Niall o Harry o tal vez Zayn o liam o Louis aaii qiero saberlo jajajajja
    espero el siguiente cn ansias:D

    ResponderEliminar
  2. gracias jajjajaja el chico sera.... todo en el proximo capitulo (q ya esta casi terminado) :D jajaj y gracias otra vez por leera

    ResponderEliminar
  3. Holaaa. Tienes una nueva lectora y tengo que decir que esta genial, me gusta tu forma de escribir. Un beeso :)

    ResponderEliminar