sábado, 8 de junio de 2013

Capitulo 3 – Llévame contigo.

El abrazo fue más largo de lo normal, y por mí me habría quedado así toda la vida, pero en algún momento tenía que terminar. Me separé lentamente y le miré a los ojos, esos impresionantes ojos azules grisáceos. Entonces recordé que me había dejado tirada hace dos años, y, con ayuda de mi pequeño bolso, le empecé a pegar.
- Nunca más me vuelvas a abandonar, ¿lo has entendido, Tomlinson? – remarqué cada palabra con un golpe. – Como me entere de que te vas y me dejas otra vez, te juro que seré yo la encargada de matarte lenta y dolorosamente.
- Pequeña, tranquila. Estoy aquí otra vez. – me pasó el brazo por los hombros. – Te lo prometí.
- Gracias por volver. – le dije a Louis y después miré en dirección a Jade. – Gracias.
- Para eso están las amigas. – me abrazó.
- Yo también quiero un abrazo. – dijo una voz que no conocía. – Aquí todo el mundo recibe abrazos menos nosotros.
- ¿Quiénes son? – le pregunté a Jade al oído para que no me escucharan.
- Son One Direction.
- Chicos, estas preciosas chicas de aquí son mis dos mejores amigas, así que como me entere de que les habéis hecho algo me encargaré personalmente de mataros. – dijo Louis con su graciosa cara amenazante que tanto añoraba. – Son Carolina y Jade. – nos presentó a los chicos y como vio mi cara de no entender nada, nos los presentó. – Chicas, estos son Liam, Niall, Zayn y Harry. Cuidado con este último.
- Tío, lo dices como si mordiera. – rió un chico con el pelo rizado demasiado guapo.
- No, pero haces otras cosas. – dijo el que antes Louis había llamado Zayn, este era alto moreno y con unos preciosos ojos marrones.
- Callaros ya, que las vais a espantar. – dijo esta vez un chico castaño que estaba al lado de Louis, creo que era Liam. Oí una escandalosa risa y vi a un chico rubio, algo más bajito que los demás, riendo. Este era Niall, seguro.
- ¿Os apetece venir a cenar? – me tendió Harry una mano.
- Claro. – le mostré una de mis mejores sonrisas y cuando iba a cogérsela, Louis lo apartó.
- Vamos, tenemos que recuperar el tiempo perdido. Y enhorabuena por el concurso, sabía que lo ibas a conseguir. – dijo mientras también cogía la mano de Jade y Harry se quedaba con cara de pena.

Fuimos todos a cenar a un restaurante bastante elegante, para celebrar mi éxito y su regreso. Entramos en un restaurante italiano a petición de Louis y Jade, ellos sabían que adoraba la comida italiana. Nos sentamos en una mesa y esperamos a que nos atendieran. Al parecer, Niall tenía un gran dilema con la comida. Estaba hablando con Louis sobre lo que había hecho estos dos años y el cambio que había dado su vida mientras los demás pensaban lo que pedir. A mí me daba igual lo que hicieran los demás, yo solo tenía ojos para Louis. Me empezó a preguntar sobre lo que había hecho en su ausencia y yo no sabía que contestar. No podía decirle que casi caigo en una enorme depresión por su culpa, ni que mis padres estaban a punto de divorciarse, ni que mis peleas con Alice iban cada vez a más. Definitivamente tenía que inventarme algo y rápido.
- Pues no he hecho mucho mientras no estabas, prácticamente lo de siempre. – intenté que se lo creyera.
- ¿Sabes que cantas genial? – me preguntó Harry, metiéndose en nuestra conversación.
- Gracias. – le miré a la cara y pude darme cuenta de que tenía unos impresionantes ojos verdes.
- Me ha encantado la canción. ¿Cómo se llama? – continuó preguntándome.
- Superstar.
- ¿La has compuesto tú? – esta vez fue Louis.
- Sí.
- La primera canción también la cantamos nosotros en el concurso. ¿Lo viste?
- No, pero la hermana de Jade me lo dijo. Os adora.
- ¿Cuántos años tiene? – preguntó Harry interesado.
- Para el carro chaval. Solo tiene once años. – dijo Louis riendo, adoraba su risa. - ¿Sabes que es lo que más me ha gustado a mí del concurso?
- ¡¿Habéis ido a verme?! – no estaba loca, de verdad había estado allí.
- Sí. Lo que más me ha gustado fue la dedicatoria que hiciste. – me susurró en el oído.
- Si no lo decía yo, la canción hablaba por mí. – me acerqué para decírselo al oído.
- ¿Qué van a tomar? – nos sobresaltó la voz del camarero.

Pedimos nuestra comida mientras los demás se reían de nosotros, teníamos la cara completamente roja de la vergüenza. Los chicos eran muy simpáticos y agradables, me cayeron bien al instante. Me encantaba poder conocerles por fin. Louis y yo estábamos recuperando el tiempo perdido junto a Jade. Volvíamos a ser inseparables y nada lo podría cambiar ahora. Estábamos charlando animadamente hasta que nos preguntaron por nosotras. Jade no tuvo problema en contestar pero yo, no sabía que decir. ¿Les decía que la razón por la que vivía estaba sentada justo a mi lado?
- Carol, ¿cómo os conocisteis Louis y tú? – me preguntó Niall.
- Pues la verdad, de pura casualidad. – dije recordando aquel día, el día del inicio de nuestra amistad.

FLASHBACK
Acababa de mudarme a Doncaster con mis padres y no conocía a nadie. Hoy empezaba mi primer día de colegio. Estaba entusiasmada y nerviosa a la vez. ¿Cómo serán los niños aquí? Espero que sean simpáticos y les guste jugar en el parque tanto como a mí.
Salí de casa cogida de las manos de mi madre y mi padre con mi precioso vestido rosa y mis botas marrones. Mi madre me había hecho dos coletas, que para mi gusto me quedaban bastante bien. Llegamos al edificio y me quedé admirando el enorme patio con su enorme tobogán.
- Cielo, ahora nos vamos a trabajar. Diviértete. – me dieron un beso en la mejilla cada uno antes de irse.

Caminé con mi mochila morada de las Supernenas al hombro hacia clase. Llegué a mi aula antes que la profesora pero mis nuevos compañeros ya estaban allí. Me senté en una mesa libre a esperar. A mi lado se sentó una chica rubia muy guapa, aunque parecía la típica niña caprichosa que todo lo quiere y todo le dan. En la primera clase aprendimos a sumar y a restar, en la segunda nos pusieron a pintar unos cuantos dibujos para adornar la clase y, en la última antes del esperado recreo, continuamos pintando. Recreo, por fin. Salí al patio, sola, con la única compañía de mi bocadillo de jamón y queso. Estaba tan tranquila sentada a la sombra de un enorme árbol cuando sentí que me observaban. Levanté la cabeza y vi a la niña que se había sentado conmigo en clase con algunas amigas suyas. Bajé la cabeza para continuar a lo mío y ver si se cansaban, pero estaba en lo erróneo.
- ¿Queréis algo? – pregunté amablemente.
- ¿Eres la nueva? – preguntó la niña rubia.
- Por así decirlo, sí.
- Sabes, me gusta tu vestido. – continuó hablando.
- Gracias.
- ¿Y sabes por qué?
- No. ¿Te gusta el rosa?
- Sí, pero es porque es igual al mío. – parecía que se le iban a salir los ojos.
- Casualidades de la vida. – bajé la cabeza y seguí comiendo mi bocadillo.
- Quítatelo.
- ¿Qué?
- Que te lo quites ya. No puedo dejar que me vean con la misma ropa que la nueva. – con esta edad y ya pensando en la popularidad, esa cría estaba loca.
- No tengo otra cosa y no pensaba hacerlo.
- Ahora verás. – dijo antes de abalanzarse sobre mí.

Me tiró contra el suelo y me empezó a pegar. Esta niña estaba loca, hacía un drama por una pura casualidad. Yo no me quedé quieta y le devolví los golpes. Menos mal que no había ningún profesor por allí, sino bronca asegurada. Las amigas de la rubia no hacían nada, solo animaban a su amiga desde lejos. De repente, sentí unos brazos alrededor de mi cintura que me levantaban, librándome de las garras de esa pequeña bruja rubia. Miré hacia arriba y vi a un chico mayor evitando que ese monstruo me matara. Era claramente más alto que yo y tenía mucha más fuerza. Tenía el pelo castaño y unos hipnóticos ojos azules o grises, no llegué a diferenciarlos bien, pero eran preciosos. Miré a mi asesina y la vi en brazos de otro chico. Mi otro salvador hizo un gesto con la cabeza y se llevó a aquel ser salvaje con vestido rosa. Me dejaron suavemente en el suelo y me levantó la cara con las manos para ver si había daños graves. Tocó suavemente mi mejilla, lugar donde me había arañado la bruta esa, y por mi cara supo que me dolió.
- ¿Te duele? – dijo con una dulce voz.
- Un poco. – dije avergonzada.
- ¿Por qué os estabais peleando? – se preocupó.
- Decía que como llevaba el mismo vestido que ella me lo tenía que quitar y yo no quería. – bajé la cabeza.
- Ven, voy a curarte ese arañazo. – me tendió una mano.
- No hace falta. – dije mientras me levantaba dispuesta a irme de allí pero me retuvo.
- Vamos a curarte.
- No, enserio.
- ¿Segura? – dijo con una sonrisa maligna y me cargó en su hombro para llevarme dentro del edificio.

Pataleé, le golpeé suavemente en la espalda e intenté bajarme pero no daba resultado. Me quedé quieta el resto del camino y cuando llegamos, me sentó en una silla y se fue a por el botiquín sin que le vieran los profesores. Se sentó a mi lado y empezó a sacar cosas para curarme. Lo hizo con delicadeza y suavidad mientras yo me perdía en esos ojos de los que todavía no había adivinado el color. ¿Grises? ¿Azules? ¿Ambos?

Segundo día de clase. Mi madre no había notado el arañazo gracias a… no sabía su nombre. Da igual, no iba a volver a verlo. Mi casa quedaba, prácticamente, al lado del colegio, así que iba yo sola andando mientras mi madre veía que llegaba bien desde la ventana. Llegué igual que ayer, antes que mi profesora, y me senté en mi mesa de siempre, o sea de ayer. A mi lado no se sentó la asesina de ayer, en la mesa no se sentó nadie, mejor. Una vez en el patio, me senté debajo de ya mi reclamado árbol a comer mi bocadillo tranquilamente. Pasaban los minutos y yo estaba muy tranquila, pero sola. No era una chica muy social pero tampoco solitaria. Sentí que alguien se sentaba a mi lado. Levanté la vista y allí lo tenía, al chico de ayer.
- Hola.
- Hola. – me ruboricé al instante.
- ¿Qué tal tu mejilla?
- Bien, gracias a ti.
- No es nada.

El resto del patio estuvimos charlando. Se llamaba Louis Tomlinson y era mi vecino. Tenía once años, cinco más que yo. A partir de ese día, todos los patios los pasábamos juntos bajo el árbol, no me volvieron a molestar la rubia ni sus secuaces, por las tardes quedábamos para ir al parque. Nos sentábamos bajo un viejo olmo y charlábamos durante horas. A veces, él se quedaba sentado bajo el árbol sonriendo mientra me veía jugar en los columpios. A partir de ese día, comenzó una bonita amistad. Pasado un año, ya éramos inseparables. Donde iba él iba yo y viceversa. Un año después, llegó Jade a nuestras vidas y nos hicimos amigos al instante. Nuestro grupo siempre era de tres, ni uno más ni uno menos.
El tiempo pasó deprisa para nosotros y sin darnos cuenta, yo ya tenía catorce años, Louis ya tenía diecinueve y Jade quince. Estábamos sentados bajo nuestro olmo viendo a la gente pasar. De reojo, yo miraba a Louis. Parecía ido, como si estuviera en algún otro lugar y no con nosotras. Me estaba preocupando. Miré a Jade e igual. ¿Qué pasaba aquí?
- Chicos, ¿estáis bien? – pregunté por fin.
- Tengo una cosa muy importante que decirte, pequeña. – me encantaba cuando me llamaba así.
- ¿Qué pasa? – miré a Jade en busca de alguna respuesta.
- Solo sé que no te va a gustar. – me dijo mi amiga.
- Louis, dímelo ya.
- De acuerdo. – hizo una pausa y siguió. - ¿Te acuerdas de que te dije que mi gran sueño es ser cantante?
- Como iba a olvidarlo si no paras de repetirlo.
- Bueno, pues he decidido presentarme a The X Factor.
- Genial. – dije con una falsa sonrisa.

Mi madre me llamó y cada uno se fue hacia su casa. Gracias mamá, sino habría llorado delante de él. Me senté en el sofá a ver la tele pero, en realidad no estaba viendo nada. Se iba a ir, así sin más. Me llamaron para cenar y fui corriendo, engullí mi comida para subir deprisa a mi habitación a llorar en paz. Me tumbé en la cama y lloré hasta que no pude más. Cuando no me quedaban más lágrimas, cogí mi guitarra para desahogarme. Miré por la ventana y pude ver luz en la habitación de Louis. Corrió las cortinas y me miró, después se apartó para volver más tarde con un papel escrito. “Tengo que hablar contigo”. Dejé mi guitarra y fui hasta el escritorio a coger papel y bolígrafo. “Bajo el olmo a medianoche”. Cogió otro papel donde ponía esta vez “Allí estaré. Lo siento, pequeña”. Moví las cortinas y miré mi reloj, 22:30. Aún queda bastante. Cogí el primer libro que encontré y me dispuse a leerlo. Levanté la cabeza del libro y ya era medianoche. Me vestí y, sigilosamente, salí de casa. Corrí hacia nuestro árbol y allí estaba esperándome. Me detuve a unos metros de él y esperé a que hablara.
- Carol, lo siento. – le miré a los ojos y lo sentía de verdad.
- No te vayas. – le rogué.
- Pequeña, entiéndelo. Siempre ha sido mi sueño.
- Pero… - “tú eres mi sueño” pensé.
- Tranquila, pequeña. Lo más probable es que no me cojan. Pero si lo hacen, volveré a por ti. Te lo prometo. – me susurró en el oído a la vez que me abrazaba.
- Llévame contigo.
- Sabes que no puedo pero siempre te llevaré aquí. – dijo señalando donde estaba su corazón.
- Llévame contigo. – repetí, esta vez para mí.

FIN DEL FLASHBACK


2 comentarios:

  1. Hooooooola guapis! Me ha encantado el capitulo! Yo he empezado a hacer una, os podéis passar y decirme que tal os parece en un comentario debajo del capitulo? Si os gusta subire diariamente! Muchas graciasssssssss (L) http://whatmakesyoubeauti.blogspot.com.es/

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    1. Gracias por leer la nove y decir q te encanta (L)
      Y ya me he pasado por la tuya y como ya te he dicho en el comentario ME ENCANTA 8D

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