viernes, 28 de junio de 2013

Capitulo 9 – El comienzo de una bonita amistad.

Ya era de noche en las tierras irlandesas y yo estaba mirando por la ventana de mi habitación. Todo se veía realmente maravilloso por la noche. Si por el día era magnífico el paisaje, en estos momentos no tenía palabras. Oí el ruido de la puerta abrirse y ahí me encontré con Louis. Solo llevaba una toalla enrollada en la cintura ya que se acababa de duchar. Cuando me vio al lado de la ventana, inmediatamente se acercó a mí y me abrazó por detrás.
- La vista es preciosa. – dije en un susurro.
- No tanto como tú. -  me comenzó a besar el hombro derecho.
- Eres increíble. – me di la vuelta para decírselo a la cara.
- Lo más increíble que hay aquí eres tú. No sé como he podido ser tan estúpido y haberte ignorado todos estos años en el instituto. – me confesó antes de atrapar mis labios con los suyos.
- No mires el pasado, solo piensa en el presente que estamos viviendo y el futuro que aún nos queda por vivir. -  esta vez fui yo quien lo besó, pero esta vez de una forma más apasionada.

Me separé un poco de él y se empezó a acercar más y más a mí. Yo retrocedía con una sonrisa divertida en el rostro hasta que no pude ir hacia atrás mucho más y caí en la cama. Rápidamente Louis me acorraló entre sus brazos mientras yo reía. Se acercó más a mí y me besó como solo él sabe hacer. Comenzó a bajar los besos hasta llegar a mi cuello y dejar pequeños mordiscos. Sabía perfectamente hasta donde nos llevaría todo esto y que no podría resistirme. Estaba claro que Louis ya había pasado por esto antes y que no era un novato, al contrario que yo, pero estaba dispuesta a que el fuera el primero. Antes de que me diera cuenta, estaba en ropa interior y él iba por el mismo camino. Bajé mis dedos hasta la toalla que aún seguía en su sitio pero una mano me detuvo.
- ¿Estás segura de esto? – me susurró en el oído.
- Sí. – dije intentando parecer segura de mis acciones.
- Te amo, mi pequeña zanahoria.
- Y yo a ti. – y ahí comenzó una noche de la que nunca me olvidaré ni arrepentiré.

Gritos, gritos y más gritos, eso era lo único que oía. ¿En este planeta nadie sabía que necesitaba dormir mis diez horas diarias de sueño para ser una persona decente en el día? Al parecer no. Abrí mis ojos rápidamente y vi a los cuatro chicos saltando en la cama y gritando. Cuando me vieron despertar, pararon. Mis ojos fueron a encontrarse con la mirada de Harry que me miraba divertido, como el resto. Miré a mi lado y vi a Louis aún completamente dormido. Entonces recordé lo que había pasado anoche. Levanté un poco la sábana para que solamente mis ojos pudieran comprobarlo y estaba en lo cierto.
- ¡Vosotros cuatro, fuera! – grité todo lo que pude.

Los cuatro chicos salieron corriendo de la habitación mientras reían. Al fin, mi adorado silencio había regresado. Sin darme cuenta, golpeé con el codo a Louis y este despertó inmediatamente. Me miró con esa tierna sonrisa en la cara y me dio un beso en la mejilla. Miró con detalle cada parte de la habitación y comenzó a reírse. Miré donde estaban sus ojos clavados y pude ver toda nuestra ropa tirada por el suelo.
- Me ha gustado la forma en la que los has echado. – me abrazó y yo me acosté sobre su pecho.
- ¿Estabas despierto?
- Sí. – dijo riendo. – Bueno, ¿bajamos a desayunar o prefieres quedarte aquí acostada con tu guapo y divertido novio mientras desayunamos?
- Prefiero la segunda opción. – le de un pequeño beso en los labios.
- Pues entonces me doy una ducha y pido el desayuno. ¿A no ser que quieras hacer más divertida la ducha? – me miró con una sonrisa pícara en el rostro.
- Tranquilo, yo me quedo aquí en la camita sola. – dije remarcando la última palabra.

Me quedé en la cama mientras oía el agua caer en el baño. Recordé cada pequeño detalle de lo ocurrido ayer. Habían pasado tantas cosas. Me peleé con Harry, Louis había hecho pública nuestra relación, había conocido a una chica grandiosa y había perdido la virginidad con el amor de mi vida. Demasiadas cosas para ser verdad. Solo habían sido dos días desde que salieron de gira y habían sido bastante completos. Al cabo de quince minutos, salió Louis vestido. Miré cada movimiento que hacía hasta llegar al teléfono para pedir el desayuno. Cuando ya hubo colgado el aparato, dirigió su mirada hacia mí, que aún seguía desnuda en la cama.
- Cariño, más vale que te vistas antes de que llegue el servicio de habitaciones. – dijo antes de darme un beso y dándome la ropa mientras se reía.

Desayunamos en la habitación entre risas y bromas sin los molestos comentarios de nuestros amigos. No podía borrar la estúpida sonrisa de enamorada que tenía en la cara y a Louis le hacía gracia. Todo esto era un sueño y no quería despertar nunca. Estábamos en el enorme balcón, que el hotel tenía en cada una de las habitaciones, charlando de todo y de nada. Con Louis podías tener una conversación donde no se decía nada coherente y otra que fuera la más seria del mundo. Sabía ponerse en la piel de las personas. Le conté que había conocido a la chica de ayer, Rose, y que me había caído muy bien. Él estaba feliz por mí, sabía cuanto me costaba hacer amigos por culpa de mi gran timidez. Pasamos toda la mañana allí hablando hasta que le sonó el móvil. Eran los chicos que lo necesitaban para comenzar a ensayar para la gira. Se despidió de mí, claramente avisándome antes de que volvería tarde. Me quedé sola en la habitación hasta que se me ocurrió la genial idea de llamar a Rose. Marqué su número, que me lo había dado ayer cuando la conocí por si me apetecía quedar con ella alguna vez, y esperé a que sonara.
- ¿Hola? – reconocí la dulce voz de la chica.
- Rose, soy Carolina. La chica de ayer. – dije por si no me había reconocido.
- Sé quien eres, Carol. – rió al otro lado del teléfono. - ¿Qué pasa?
- Bueno, me estaba preguntando si querías quedar conmigo. Es que los chicos se han ido a ensayar y no conozco a nadie aquí.
- Claro, dime el sitio y la hora y allí estaré.
- Genial, ¿en el lugar donde nos conocimos dentro de dos horas? – propuse tímidamente.
- Claro, no vemos luego, Carol. – se despidió.
- Hasta luego, Rose. – colgué el teléfono.

Me duché y vestí en un tiempo record. Estaba nerviosa, era la primera chica con la que había congeniado, a parte de Jade. Entonces me acordé de ella. No había podido venir por culpa de una inoportuna enfermedad de su abuela. Adoraba a la abuela de mi amiga pero yo la necesitaba conmigo. Se me hacía muy difícil enfrentarme a Harry y eso que solo llevaba dos días soportándolo sola. Después de vestirme con unos shorts vaqueros, una camiseta con el hombro caído con la bandera de mi país natal que dejaba ver un poco de mi barriga y colocarme mis preciadas convers, esta vez de color rojo. Cogí un sombrero que me encantaba y me lo puse. Una vez vestida, cogí un bolso y metí lo fundamental. Cuando terminé de prepararme, miré el reloj que me mostraba que aún me quedaba una hora y cuarto. Tenía tiempo de sobra. Agarré mi móvil y me dispuse a llamar a Jade. Esperé paciente a que dejaran de sonar los típicos pitidos y a que contestara.
- ¿Carol? – era la inconfundible voz de Jade.
- ¿Quién va a ser sino? – reí después de contestar.
- Pensé que te habías olvidado de tu mejor amiga. – empezó a dramatizar.
- ¿Cómo me voy a olvidar de mi tonta actriz? – solíamos bromear con ese tema, ya que las dos aspirábamos al mismo sueño.
- Bueno, ¿qué tal en tierras irlandesas?
- Genial, tengo que contarte muchas cosas pero antes, ¿cómo está tu abuela? – me acordé de la pobre mujer, me preocupaba mucho su estado de salud.
- Muchísimo mejor y, ¿a qué no sabes lo que me ha dicho mi madre? – hizo una pausa dramática. – ¡Dentro de un mes estaré con vosotros!
- ¡¿Qué?! – esa noticia no me la esperaba para nada y estaba muy contenta.
- Estaré dándote la lata en un mes. – me avisó.
- Pues yo te tendré con la intriga durante este largo y precioso mes. – reí después del comentario de Jade.
- ¡No puedes hacerme esto! ¡No me obligues a preguntarle a Louis! – eso la había hecho enfadar un poco.
- Louis, como todo un caballero y un buen novio, no te dirá nada. – volví a reír. – Bueno, me tengo que ir. Adiós, Poopey.
- Adiós, Sweetie. – se despidió, pero antes de colgar. – Que conste que me tienes que contar muchas cosas.

Colgué el móvil y lo guardé en el bolso para poder salir por la puerta y encontrarme con Rose en nuestro punto de encuentro. La chica era muy simpática y no es como las cientos de fans que nos atacaron ayer a Louis y a mí. Ella sabía controlarse y, lo más importante de todo, respetaba mi romance con el mayor de los chicos. Iba caminando por las calles de Irlanda, intentando recordar el camino, hasta que vi un grupo de chicas y chicos en un parque. Estaban todos sentados en el césped riendo de tonterías, seguramente. Me recordaban mucho a como éramos Louis, Jade y yo antes de que este se hiciera famoso. Pasábamos todos los días los tres juntos en el parque charlando, riendo y disfrutando de cada minuto juntos. En la acera de enfrente pude ver a una chica pelirroja sentada en un banco. Rose, no había ninguna duda. Me acerqué rápidamente a ella y no me había equivocado. Al verme, Rose se levantó y me dio dos besos, uno en cada mejilla.
- Pensé que no ibas a venir. – dijo con una sonrisa.
- Lo siento, es que no encontraba el camino. – reí ante mi torpeza.
- Bueno, ¿vamos a tomar algo? Conozco un sitio donde sirven unos batidos deliciosos.
- Claro, tú guíame y yo te sigo. – nos pusimos las dos en pie y comenzamos a andar.
- ¿Sabes? Creo que esto va a ser… - paró para mirarme a la cara y mostrarme una preciosa sonrisa. – El comienzo de una bonita amistad.


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