viernes, 19 de julio de 2013

Capitulo 12 - ¿Me perdonas?


Hoy continuaba nuestro viaje, la gira tenía que seguir y nos íbamos a nuestro siguiente destino. Mi estancia en Irlanda había sido genial y no me hubiera esperado menos de los chicos. Eran increíbles y eso no se podía negar. Estaba haciendo las maletas para poner rumbo a Escocia, donde sería su siguiente actuación, al ritmo de “The City Is Ours” de Big Time Rush. A la vez que metía mi ropa en mi bolsa de viaje negra y mi otra maleta hacía movimientos un poco raros pero a la vez graciosos, para mí eso se llamaba bailar. Yo nunca he sido una gran bailarina pero al menos lo intentaba. Pasados unos treinta minutos, la puerta se abrió aunque no me di cuenta hasta que un cuerpo estuvo a medio metro de mí.
- ¡Qué susto! – grité en cuanto le vi.
- Lo siento. – dijo un poco triste.
- Bueno, estás aquí por…
- Venía a hablar contigo. – continuó con la cabeza gacha.
- ¿No puedes esperar? Termino esto en cinco minutos.
- Es importante. – siguió insistiendo.
- Pues, entonces no perdamos el tiempo. – me senté en la cama y di unos cuantos golpecitos en la cama para que se sentara.
- Carol, solo venía a disculparme. – siguió mirando hacia abajo. Iba a hablar pero él fue más rápido. – Por favor, no me interrumpas. Mira, esto es muy difícil de explicar y si no lo digo de un tirón, no creo que pueda decirlo. – levantó la cabeza para mirarme con esos impresionantes ojos verdes. – Sé que todo esto ha empezado por mi culpa pero tenía un buen motivo. No quería que hicieras daño a Louis. Es mi amigo y no pensaba dejar que le pasara nada. No quería que sufriera por una chica y mucho menos por ti. – vio la mirada asesina que le lancé y rectificó al instante. – No es por ti, eres genial, Carol. Es por todo en realidad. ¿Quieres saber por qué intenté ligar contigo? – asentí levemente. – Fue porque prefería que me hicieras daño a mí antes que a él. Louis no paraba de hablar de ti y se notaba que estaba muy enamorado, así que decidí intentar enamorarte para que te alejaras de él. A mí las mujeres ya me han hecho el daño suficiente y una vez más no me iba a importar. Solo quería alejarte de Louis para protegerle a él, a mí, pero sobre todo a ti. – volvió a bajar la cabeza. – Pero todo se estropeó, todo por ti. Carol, no me voy a andar con rodeos. Me he enamorado de ti. Se me hacia muy difícil verte al lado de Louis. Por eso me comportaba como un completo imbécil contigo. Lo siento. – levantó la cabeza y en sus ojos vi que se arrepentía. - ¿Me perdonas?
- Mira, Harry. – estaba muy nerviosa por todo lo que me había dicho antes. – No sé que decirte. Todo esto es nuevo para mí. Nunca un chico se había enamorado de mí, todos iban a lo que iban, y mucho menos dos. Harry, yo nunca le haría daño a Louis. Es una de las pocas personas con las que puedo ser yo misma.
- ¿Quiénes son las demás? – preguntó bastante inseguro. Seguramente estaba pensando en que no debía haber hecho esa pregunta.
- Jade, Rose, los chicos… – “y tú” pensé, pero no se lo dije claramente.
- Bueno, no te molesto más. – se levantó y caminó hacia la puerta pero se detuvo antes. – Carol, ¿podemos ser amigos? Me refiero a volver a empezar.
- Claro. – dije con una pequeña sonrisa mientras me levantaba y me colocaba a su lado. – Hola, soy Carolina Senderson.
- Encantado. – rió ante mi pequeña actuación. –Soy Harry Styles.
- ¡Madre mía, tú eres Harry Styles de One Direction! – chillé como una fan histérica para luego callarme y, después de escuchar las carcajadas de Harry, girarme en dirección a mi maleta. – Bueno, mejor acabo esto.
- Si quieres te puedo ayudar. – me miraba con unos ojos inseguros y no a los que yo estaba acostumbrada. Desde que se disculpó ya no había arrogancia ni superioridad en su mirada. – Si quieres. – añadió rápidamente.
- Claro que quiero. Los amigos ayudan a los amigos, ¿no? – intenté tranquilizarlo con una pequeña sonrisa.

Continuamos haciendo mi maleta, al principio en silencio pero después surgieron las risas. No me lo pasaba así de bien con Harry desde que me encerró en el baño de aquel restaurante de Doncaster. Claramente él era una de las personas con las que podía ser yo misma pero eso jamás lo sabría. No podía decirle eso ni nada de lo que me pasaba cada vez que estaba a su lado, no podía hacerlo. No quería hacerle ilusiones a Harry, pero tampoco quería que sufriera por mi culpa. Todo esto es demasiado complicado. ¿Por qué amar a Louis hacia que me sintiera tan mal? Un momento, tengo un plan. ¿Y si busco a la chica perfecta para Harry? Alguien capaz de enamorarle y hacer que se olvide de mí. Eso sería tarea difícil, muy difícil. Estábamos haciendo la maleta, esta vez de Harry, cuando de repente sonó mi móvil.
- Hola, cielo. – dije esto último en un susurro para evitar que lo oyera Harry.
- Princesa, ¿has terminado con las maletas?
- Sí, ya he terminado. – dije alegremente. - ¿Te falta mucho?
- No, ya he terminado. Quiero verte. – dijo como un niño pequeño.
- Nos vemos en cinco minutos en el vestíbulo. – pude notar que Louis estaba sonriendo.
- Nos vemos, preciosa. – colgó antes de que pudiera despedirme, cosa que me hizo gracias. Este chico estaba loco y yo también, pero por él.
- Harry, lo siento pero me tengo que ir.
- Claro, Louis te espera. – vi la tristeza reflejada en sus ojos antes de que se girara. – Tranquila, yo acabo esto.
- Gracias, Harry.

¿Por qué me sentía así? ¿Por qué tenía esta sensación tan dolorosa por dentro? ¿Por qué no quería abandonar esa habitación donde estaba Harry? Tenía demasiadas preguntas y muy pocas respuestas. Nada estaba bien. Sabía que este viaje iba a cambiarme la vida, pero no pensaba que iba a llegar a afectarme de esta manera. Era una sensación extraña, como si necesitara esa cosa que solo ellos dos podían ofrecerme. No sabía lo que era pero para mí era fundamental para mi existencia. En cuanto salí del ascensor vi a Louis de pie en mitad del vestíbulo. Estaba tan guapo, aunque eso era obvio. En cuanto di un paso, levanto la mirada y me sonrió mostrando una perfecta hilera de blancos dientes. Me acerqué corriendo a él y me lancé a sus brazos. Una actitud un tanto desesperada pero me sentía bien a su lado.
- Princesa, su carroza la espera. – me tendió un brazo que rápidamente acepté y me guió hasta un taxi amarillo.
- ¿Carroza? – señalé el coche y le miré con una cara divertida. – Esto parece más una carreta.
- ¿O lo tomas o lo dejas? –me miró burlonamente.
- ¿Vamos? – le mostré mi mejor sonrisa.

Subimos al taxi y me senté al lado de Louis en la parte trasera. No sabía a donde íbamos y tampoco iba a preguntar, porque era obvio que no me lo iba a decir. Apoyé mi cabeza en su hombro y cerré los ojos, lo malo fue que a los pocos minutos me dormí. Un rato después, noté como alguien me sacudía suavemente. Abrí los ojos y vi el impresionante rostro de Louis. Nada más verle, sonreí y pude comprobar que él hizo lo mismo. Abrió la puerta para poder salir del coche y, en cuanto lo hizo, me ayudó a hacerlo a mí. Después de bajar, caminamos un rato por un tranquilo camino al borde de una solitaria playa. Era todo increíblemente precioso. Continuamos caminando cogidos de la mano unos minutos más hasta llegar a una pequeña cala. La arena de allí era blanca y el agua cristalina, tanto que se podía ver el fondo sin necesidad de meter la cabeza. También se podía observar que ningún ser humano había pasado por allí, estaba todo demasiado limpio y natural. Pero lo más sorprendente era que había una mesa en medio de aquel lugar. Esa mesa estaba preparada perfectamente para cenar. Estaba preparada para nosotros dos.
- ¿Cuándo has hecho todo esto? – yo y mi intriga éramos muy curiosas.
- Digamos que, tengo contactos. – una vez más me mostró su preciosa sonrisa.
- Louis, eres genial. – puse mis brazos alrededor de su cuello y me acerqué a él. – Te quiero.
- Y yo a ti, princesa. – dijo antes de besarme.



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