domingo, 13 de octubre de 2013

Capitulo 24 – Quiero que seas mía.

Tres días en España y no me cansaba de este lugar. Era un país que estaba marcando un antes y un después en mi vida, aunque no era a la única. Los chicos daban dos conciertos está semana y la siguiente la tendrían como descanso. Esta tarde, darían el primero y mañana el siguiente. Nunca me imaginé que nada de esto me estuviera pasando y, mucho menos, que me enamorara en este viaje. Había conocido a chicas increíbles y ahora tenía tres nuevos hermanos, otra vez a mi mejor amigo y un posible novio. Miré el reloj y las agujas marcaban las tres de la madrugada. No sé por que me había despertado tan pronto pero lo que tenía seguro es que ahora no me iba a poder dormir. Me giré y vi un cuerpo justo a mi lado. A pesar de la oscuridad, pude ver que estaba boca abajo y con los brazos bajo la almohada. Solo veía su espalda pero aún así, seguro que estaba adorable. Se movió un poco y pude ver su cara de niño durmiendo. Estiró su mano y tocó la mía. Entrelazamos nuestros dedos y, en un rápido movimiento, se colocó sobre mí. Abrió los ojos y se acercó a mí lentamente.
- Deberías estar durmiendo.
- Y tú deberías estar en el sofá. – repliqué con una sonrisa.
- Bueno, pensé que te gustaría tener a tú amigo con derechos en la cama contigo. – se acercó un poco más.
- ¿Amigo con derechos? Eso no me gusta. – le di un pequeño beso en la mejilla.
- Hasta que no seas mi novia, te quedas con eso. – me devolvió el beso.
- ¿Y por qué no me lo pides y ya?
- Porque quiero que sea especial. – me dio un besito en la nariz.
- Vale, pero que no sea lo típico. – le dije con una sonrisa. – Cúrratelo un poco.
- Mira que eres… - no pudo responder porque una almohada aterrizó en su cabeza. - ¿Así que quieres pelea?
- Asúmelo, no puedes vencerme. – vale, sí que podía porque me empezó a golpear con un cojín. - ¡Para, para! ¡Qué pares! – pegué un grito que se pudo oír hasta en Portugal. - ¡No es justo!
- No es justo que grites y te oiga todo el mundo. – unos golpes nos interrumpieron. – Ahora vas tú.
- ¿Por qué yo?
- Porque no querrás que vean a tu chico en calzoncillos. – me tiró la camisa que se había puesto el día anterior. – Corre.
- Malo. – le saqué la lengua a la vez que me ponía su camisa. Fui hasta la puerta y, después de un suspiro, la abrí. - ¿Chicos?
- ¿Podríais dejar de hacer el guarro? – habló un Zayn somnoliento.
- Hay gente que quiere dormir. – esta vez fue Louis.
- Eso, vuestros gritos se oyen desde la otra punta del planeta. – Liam estaba enfadado.
- No es lo que parece. – pude decir antes de que cada uno se fuera.

Volví a la cama con Harry y me tumbé a su lado. Él me esperaba con los brazos abiertos y, en cuanto estuve junto a él, me capturó para darme un beso en la cabeza. Todo esto era demasiado perfecto. Estuvimos largos minutos abrazados en la cama hasta que me dormí con la cabeza apoyada en su hombro. Una playa, un chico y un camino de rosas blancas. El chico estaba de espaldas, mirando el mar, y no pude ver su rostro pero lo reconocí enseguida. Caminé hasta él y me coloqué a su lado. Miramos el mar en silencio hasta que se dio la vuelta. “Sé que no es la mejor forma de hacerlo pero estoy cansado de esperar. Quiero que seas mía. Quiero que seas mi chica.” Después de esas palabras, nos fundimos en un beso lleno de respuestas. Me desperté después de que esas palabras fueran arrastradas por el viento. Todo había sido un sueño pero yo quería que se hiciera realidad. Yo quería ser la novia de Harry, su chica, su princesa.
- ¿Piensas dormir todo el día? – dijo una voz femenina.
- ¿Rose? – no había ni rastro de Harry por ninguna parte. - ¿Y Harry?
- Se fue hace un rato a preparar las cosas del concierto. ¿Te recuerdo que es esta tarde? – negué con la cabeza. – Vamos, levanta.
- ¿Qué hora es?
- Casi las cinco. – dijo mientras iba recogiendo un poco la habitación, que después de la guerra de almohadas era un desastre.
- Voy a ducharme.
- Date prisa. – gritó una vez que me metí en el baño.
- De acuerdo. – empecé a tararear una canción a la vez que me quitaba la ropa. Me miré al espejo y pegué un grito.
- ¿Carol? ¿Estás bien? – inmediatamente Rose golpeó la puerta.
- Sí, solo que voy a matar a Harry. – una mancha entre roja y violeta adornaba mi cuello.
- Si es lo que me imagino, déjalo. Seguro que él tendrá alguno tuyo. – rió la pelirroja al otro lado de la puerta. Media hora después, salí con una toalla rodeando mi cuerpo.
- Ya estoy.
- Mira que te dije que te dieras prisa. – me miró el cuello y estalló a carcajadas. – Te va a costar tapar eso.
- Déjame. – fui al armario y rebusqué entre la ropa.
- ¿Qué buscas?
- Un pañuelo, bufanda o algo que tape eso. – continué a lo mío.
- Te vas a morir de calor. – rió mi amiga.
- Prefiero eso a que se rían de mí.
- Pero primero coge ropa, ¿no? – se tumbó en la cama y miró el techo. - Aunque podrías poner maquillaje sobre eso.
- ¿Solo sirves para quejarte? – su respuesta fue una risa contagiosa. Al final, me decanté por unos shorts rasgados y una camiseta blanca, con las palabras “Crazy Mofos” escrito en negro, que dejaba mi vientre a la vista.
- Le va a encantar a Niall. – rió Rose al ver mi atuendo.
- Es verdad. – reí mientras me ponía unas botas moteras.
- ¿Quieres que todos los tíos se fijen en ti o impresionar solo a Harry?
- ¿Voy mal? – me preocupé.
- Es que estás muy sexy.
- Pues no hablemos de ti. – estaba preciosa. Llevaba un vestido azul clarito y unas bailarinas negras. Sencilla pero mona.

Salimos con el tiempo justo para llegar al concierto. Todas las personas que se juntan conmigo llegan tarde. Científicamente comprobado. Esta vez teníamos un motivo, nos habíamos quedado hablando en la habitación. Subimos a un taxi que nos llevaría directamente allí, de eso se habían encargado personalmente los chicos. Veinte minutos después, llegamos a nuestro destino. Estaba lleno de adolescentes con sus amigas, padres, chicas que acababan de conocer hace unos minutos… Fuimos a la parte trasera y allí había un enorme hombre vestido de negro con la palabra “seguridad” escrita en su camiseta. Nos acercamos a él temerosas de que nos echara pero nos hizo un gesto con la mano para que nos acercáramos y, con una sonrisa, nos abrió la puerta. Al final, el hombre no daba tanto miedo como aparentaba. Recorrimos los laberínticos pasillos del pabellón y, sin antes perdernos unas cuantas veces, llegamos al camerino de los chicos.
- Hola, chicos. – dijimos Rose y yo a la vez. Unos brazos nos capturaron a Rose y a mí nada más cruzar la puerta. - ¿Qué pasa?
- Que vuestros “amiguitos” querían llamar a la policía. – rió Zayn.
- ¿Para qué? – preguntó la pelirroja.
- Pensaban que os habían secuestrado. – concluyó Liam con una fuerte carcajada.
- Bueno, ahora soy toda tuya. – le susurré a Harry en el oído.
- No me tientes. – me advirtió.
- Oye, ¿no tienes calor con ese pañuelo? – muy oportuno Niall.
- No, estoy bien. – dije nerviosa. Dios, sé que no soy creyente pero, si estás ahí arriba haz algo, te lo suplico.
- ¡Chicos! – una rubia entró en el camerino y se tiró sobre Zayn que la recibió con los brazos abiertos. Creo que ahora voy a ir a la iglesia todos los domingos.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó el moreno después de soltarla.
- ¿No puedo venir a ver a mi chico? – se indignó la rubia. Me sonaba su cara.
- Claro que puedes, preciosa. – un anillo brilló en su mano cuando volvió a abrazar a Zayn. – Chicas, os presento a Perrie, mi prometida.
- Un placer. – dijeron todas menos yo.
- ¿Carol? – preguntó Zayn confuso.
- Al fin nos conocemos, Perrie. – dije con una sonrisa a lo que ella correspondió.
- Yo también estaba deseando conocerte. – dijo la rubia. Me dio dos besos y un pequeño abrazo. – Zayn no paraba de hablar de ti.
- ¿Te apetece ir a por algo de comer? – ella asintió y salimos de la habitación.
- Pero si hay comida aquí dentro. – se oyó una voz gritar.

Caminamos por esos tétricos pasillos hasta un puesto de comida que había dentro del edificio mientras hablábamos sobre cualquier cosa. Perrie era una chica encantadora y muy simpática. No sé por que mucha gente la criticaba y la llamaba falsa. Ella parecía estar enamorada de Zayn. Aún faltaban veinte minutos para que empezara, así que decidimos sentarnos en el suelo a seguir charlando. Parecía que nos conocíamos de toda la vida, cosa que no era verdad. Lo estaba pasando realmente bien con Perrie. Teníamos muchas cosas en común. Ella también era tímida al principio pero, después, se convierte en el alma de la fiesta. Descubrí que se había sentido atraída por Niall primero pero que Zayn había conseguido robar su corazón. No me dijo como, solo dijo que fue parecido a lo mío con Harry. Los minutos pasaron rápido y el concierto ya iba a empezar. Nos reunimos con Rose, Jade y Eleanor y nos dispusimos a ver el concierto en un lateral del escenario.
- ¿Qué os a parecido? – Zayn preguntó después de bajar del escenario.
- Increíble, como todos. – dijimos las cinco a la vez.
- Solo por ser tan sinceras, os invitamos a cenar. – dijo Liam con una enorme sonrisa.
- Y por eso os queremos. – volvimos a hablar a la vez.
- No contéis conmigo y con Carol para cenar. – habló Harry de repente.
- De acuerdo. – dijo Louis antes de que pudiera abrir la boca para replicar.

Harry cogió mi mano y, junto con el resto, salimos del enorme pabellón. Allí había dos taxis y una limusina esperando. Miré a ambos coches y después a Harry que con una sonrisa me guió hasta la limusina. Subí sin decir una palabra y me senté junto a la ventanilla. ¿Por qué no íbamos a cenar con los chicos? Yo quería estar con ellos también pero a lo mejor Harry me tenía una sorpresa preparada. O a lo mejor quería que estuviéramos solos. Bueno, el caso es que no tengo ni idea de a donde me lleva. Ya era de noche, según el reloj de mi móvil eran las doce y media. Supongo que todo esto habrá sido por culpa del concierto. Lo habían retrasado una hora y media gracias a unos altavoces que no querían funcionar.
- Hemos llegado. – dijo el chico al cabo de cuarenta y cinco minutos. – Espera, antes de nada quiero que te pongas esto. – me tendió una caja blanca con un enorme lazo rosa. – Te puedes cambiar en esa casa de allí.
- Vale. – fue lo único que pude decir.

Bajé del coche y me dirigí hacia una enorme casa de piedra situada sobre una pequeña montaña. Seguí el camino de piedras a la vez que, con una mano, tocaba las flores que rodeaban el sendero. Era precioso. Cuando llegué a la casa vi que la puerta ya estaba abierta. No tenía ni idea de donde estaba cada cosa en esa casa así que me tocó buscar una habitación o un baño. Entré en un enorme salón muy bien decorado. No tenía ningún aparato eléctrico como una televisión, radio o consola. Solo había una pequeña radio de esas antiguas y una enorme chimenea con cuatro leños. En el suelo había una alfombra y, sobre ella, unos sillones para una persona que estaban iluminados por la luz de la luna que entraba por los grandes ventanales. Era un salón precioso. Seguí buscando por la casa y entré en la primera habitación que encontré. Dejé la caja blanca sobre la cama y le quité el lazo para poder abrirla. Allí había un vestido de tirantes blanco y unas sandalias. Sobre todo esto, había una nota. “Date prisa si no quieres que se te enfríe la cena. Por cierto, el blanco te queda genial. Harry.” Miré hacia todos lados y no vi a nadie. Doblé la ropa y la coloqué encima de la cama no sin antes echar un último vistazo a las preciosas vistas que el balcón me ofrecía. Volví al lugar donde el coche había estado y no vi a Harry. Bajé la vista al suelo y vi un camino de rosas blancas que me guiaban hasta la playa. Lo seguí con una sonrisa en los labios y, en cuanto llegué al final, pude ver a un chico de pie mirando el horizonte. Fui junto a él y nos quedamos mirando el mar en silencio.
- Pensé que no vendrías. – habló por fin.
- Bueno, tampoco he tardado tanto. – bromeé para que no hubiera tanta tensión acumulada.
- Oye, me gustaría decirte algo antes de cenar.
- Soy toda oídos. – le sonreí.
- Sé que no es la mejor forma de hacerlo pero estoy cansado de esperar. Quiero que seas mía. Quiero que seas mi chica. – levantó la cabeza a la vez que decía lo último. Igual que en mi sueño.
- Harry, hemos pasado por demasiadas cosas juntos. Algunas no muy buenas pero otras maravillosas. ¿Pero sabes que es lo mejor de todo? – negó con la cabeza. – Que, a pesar de los malos momentos, no te rendías y siempre estabas cuando te necesitaba.
- ¿Entonces, que me dices? – estaba nervioso a la espera de una respuesta.
- Sí. – al oír mi respuesta, una enorme sonrisa se le dibujó en la cara y se acercó para poder besarme. Por fin. Nuestro primer beso como novios. Nuestro momento. Todo esto era nuestro, de los dos. 


2 comentarios:

  1. Ahhhh este capítulo es maravilloso! Más que perfecto! Me encanta!
    ¿Sabes cuánto tiempo he estado esperando para esto? Te lo digo, MUCHO y por fin ya son novios :D
    Que adorables que son, espero que nadie se interponga que les ha costado llegar hasta aquí.
    Y el resto de las parejitas son una monada.
    Sube prontito porfa. Un besazo<3

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    1. Oins, GRACIAS!! :3
      Creo que todos estabamos esperando este momento. POR FIN ESTAN JUNTOS!!!
      Supongo que nadie se interpondra entre nuestros tortolitos... o si, eso nunca se sabe.
      Jajaja las parejitas cada dia son mas monas.
      En cuanto pueda. Otro para ti <3

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