martes, 19 de noviembre de 2013

Capitulo 28 – No tengo otra opción.

Después de que los chicos le dieran una “paliza” a Harry, todo volvió a la normalidad. Nos dejaron unos días más de vacaciones, por llamarlas de alguna forma, para que Harry se recuperara del todo. A pesar de que nos había engañado a todos diciéndonos que había perdido la memoria, tenía que recuperarse de los golpes del accidente. Me quedé cada minuto del día junto a Harry para cuidarle y que no le faltara nada. Los chicos le guardaban un poquito de rencor por la broma y las chicas, en cuanto lo supieron, se rieron y alegraron de que Harry estuviera bien. Menos mal que no había sufrido nada grave porque sino, no se que habría hecho. Ya había pasado por demasiadas cosas y, perder a Harry no estaba en ninguno de mis planes ahora que estábamos mejor que nunca.
- ¿Aprovechamos nuestro último día en España? – me susurró la voz de mi chico al oído.
- ¿Qué propones?
- Pues, no sé, ¿dar un paseo?
- Pues vístete rápido. – me levanté de la cama de un salto. – Te espero abajo.

Salí de la habitación y dejé que Harry se vistiera. Bueno, que se pusiera algo por encima ya que no iba a salir en calzoncillos. Me senté en el sofá y, cinco minutos después, bajó Harry completamente vestido y arreglado. Llevaba unas bermudas oscuras y una camiseta blanca que le queda perfectamente. ¿Por qué el blanco le sentaba tan bien? Sobre su pecho descansaba su inseparable colgante de plata en forma de avioncito de papel. Y, obviamente, llevaba sus inconfundibles converse blancas. Salimos de casa y, de la mano, nos aventuramos por las calles de Barcelona. No había mucha gente por los alrededores, pero aún así, se podía ver a algunas parejas con la misma idea que nosotros, algunas familias u otras personas que tenían prisa. Después de dar vueltas y vueltas por la enorme ciudad, nos sentamos en un banco de una plaza a descansar un poco. Al poco rato, Harry me avisó de que iba a por unos helados. Le esperé con una sonrisa mientras lo veía ir alegre hacía una heladería en la otra punta de la plaza. Segundos después de que se marchara, dos chicas de mi edad, más o menos, se acercaron a mí.
- ¿Ese que estaba contigo era Harry Styles? – me preguntó una de las dos chicas que había.
- Em… sí. – dije dudosa.
- Tú eres su novia. – afirmó la otra. ¿Cómo lo sabían si no lo habíamos hecho público?
- Sí, lo es. – dijo la primera. Eran mejores que agentes del FBI
- No sé porque Harry pierde el tiempo con alguien como tú. – empezaron a decir.
- No eres gran cosa. – le dio la razón su amiga. – Primero fue Louis y, ahora Harry. ¿Quién es el siguiente? ¿Liam? Solo eres otra roba fama.
- Además de horrible. – secundó la chica.
- Estoy de acuerdo. – rió la primera. – Encima parece una foca. – iba a ponerme a llorar de un momento a otro.
- Deja a Harry en paz. – me miraron con ojos amenazantes.
- Se merece algo mucho mejor que tú. – las lágrimas estaban a punto de salir.
- Aquí tienes el helado, pequeña. – Harry volvió con dos tarrinas de helado. - ¿Quiénes sois vosotras?
- Somos directioners. – dijo una con una sonrisa. “Falsas” fue la palabra que mi mente usó para describirlas.
- Nos encantas, Harry. – dijo la otra. - ¿Te haces una foto con nosotras?
- Claro, todo por mis fans. – dijo el chico con una sonrisa. Se hicieron la foto y volvieron a mirarme.
- Un placer haberte conocido, Carolina. – me dedicó una sonrisa falsa.
- Hacéis una pareja preciosa. – ¿soy yo o la gente puede llegar a ser muy farsante? – Adiós.

Se fueron y nos quedamos los dos solos. Esas chicas habían sido muy crueles conmigo y, a pesar de que me creía una persona fuerte, sus palabras me habían afectado. Pero, Harry no tenía porque enterarse. No iba a contarles que dos de sus millones de fans habían venido y me habían empezado a insultar. Seguramente eso es lo que muchas chicas están haciendo ahora mismo por Twitter. Harry estaba sentado a mi lado comiéndose tranquilamente su helado de a saber que sabor y yo, en cambio, estaba mirando atentamente la tarrina con esa dulce crema con sabor a vainilla y cientos de calorías. Miré a Harry y estaba mirando a un grupo de chicos de catorce o quince años con su skate. Sin que se diera cuenta, dejé caer la tarrina al suelo.
- ¿Qué ha pasado? – me miró al oír el ruido. Vio el helado en el suelo y me miró. – Voy a comprarte otro.
- No. – le impedí que se levantara. – No tengo mucha hambre.
- ¿Estás bien?
- Sí. – agaché la cabeza. - ¿Podemos volver?
- Claro. – pasó su brazo por mis hombros y nos encaminamos a casa.

Llegamos a casa justo a la hora de la cena. Los chicos estaban haciendo una barbacoa en el jardín. La mesa ya estaba lista con los platos y cubiertos puestos. Las chicas estaban tumbadas en las hamacas que había al lado de la piscina y lo chicos, cada uno con una cerveza en la mano, estaban preparando la comida. Nos unimos a ellos. Carne. Me encantaba la carne y tenía mucha hambre. Minutos después, ya estábamos cenando todos juntos la deliciosa comida.
- Tienes que comer. – me ordenó Louis. – Lo ha dicho el médico.
- ¿Qué médico? – preguntó Harry.
- Todo por ese maldito accidente. – le explicó Jade toda la historia.
- ¿Por qué no me lo habíais dicho?
- Se nos olvidó. – rió Niall.
- No tengo hambre. – dije en un susurro.
- Tienes que hacerlo. – Els me tendió las pastillas que me había recetado el médico y, con un poco de agua, me las tomé.
- Vamos, solo un poco más. – me animó Perrie. Comí unos cuantos trozos más.
- Estoy llena. – notaba el estómago cerrado.
- Un poquito más. – me dijo Harry y negué con la cabeza. – Pues como a los niños pequeños. – cogió el tenedor y pinchó un trozo. Después, me lo acercó a la boca y yo me alejé. – Abre la boca que viene el avioncito. – todos se estaban riendo de la escena. Al final, abrí la boca y me lo comí. - ¿Ves que no era tan difícil?
- Lo que tú digas, Styles.

Terminamos de cenar y, entre todos, recogimos la mesa y dos se quedaron fregando los platos, en este caso fueron Zayn y Rose. Los demás nos quedamos en el jardín charlando tranquilamente. Yo no intervenía mucho en la conversación. Tenía otras cosas en la cabeza. “Parece una foca”. ¿De verdad estaba gorda? “Además de horrible”. No me consideraba una preciosidad pero tampoco era tan fea. ¿No? “No eres gran cosa”. Pero tampoco era una chica insignificante, ¿verdad? “No sé porque Harry pierde el tiempo contigo” ¿Por qué estaba conmigo? Había millones, y no exagero, de chicas mucho más guapas, inteligentes, con mejor cuerpo, carismáticas… Vamos, que eran mucho mejores que yo. Todo esto me estaba creando dudas. Tenía que ser perfecta para estar a la altura de Harry. Todo por él. Me disculpé y me metí en mi habitación. Allí había un espejo que me permitía verme de pies a cabeza. ¿Qué es lo que veo? Solo estaba mi reflejo, el de una chica de dieciséis años del montón y con un cuerpo también del montón. Cerré los ojos y los volví a abrir. ¡¿Qué era lo que estaba viendo?! Una chica gorda y, digamos que, no muy agradable a la vista, por no decir horrible. Me metí en el baño y me lavé la cara. Me miré otra vez en el espejo y volvía a ser yo. Menos mal. ¿Y si…? No, no podía hacer eso.
- Todo por Harry. – oí una voz. Estaba hablando con ¿mi reflejo?
- No puedo hacer eso.
- Pero tienes que estar perfecta. – intentó convencerme.
- Pondrá en riesgo mi salud.
- ¿Prefieres que Harry te deje por una preciosa modelo con un cuerpo perfecto? – él no me haría eso ¿verdad?
- Tengo que estar perfecta. – me di por vencida.
- Pues entonces, hazlo. – mi reflejo me mostró una sonrisa malévola.
- No tengo otra opción.

Me acerqué al váter y me arrodillé junto a él. No me podía creer lo que estaba a punto de hacer. Subí la tapa y cerré los ojos para respirar relajadamente. Inspiré y espiré repetidas veces hasta que decidí hacerlo. Miré el agua del váter y cerré los ojos para no ser testigo de lo que iba a hacer. Me metí dos dedos en la boca hasta llegar a tocarme la garganta. Apreté un poco y sentí como empezaba a tener arcadas. Apreté un poco más y la comida ya estaba subiendo por mi esófago. Volví a apretar y ya lo había conseguido. Estaba vomitando. Me estaba acercando al cuerpo perfecto. Me ardía la garganta con cada esfuerzo que hacía y mi corazón iba a mil por hora. Me levanté cuando ya no quedaba nada en mi estómago. Me lavé la cara y me cepillé los dientes. Nadie iba a notarlo.


2 comentarios:

  1. Huola! Sé que he tardado en comentar pero, ya sabes, estoy ocupada :')
    Ahora dejemos de hablar de mí y centrémonos en este maravilloro capítulo.
    Lo primero, espero que la paliza que le hayan dado a Harry le haga reaccionar para no volver a gastar ese tipo de bromas. Lo segundo, a esas falsas las tendría que haber atropellado un coche, solo digo. Y por último, Harry y Carol están demasiado cuties para que Carol hago eso. Es que no, no, no y no, ahora estoy depre que tú no sabes la de veces que se me aparece leyendo este tipo de problemas ;(
    Y en cuanto a subir cap, (de la última entrada, te lo pongo aquí y así tendrás un cacho comentario que te alegrará el día) sube cuando quieras, me tienes intrigada aunque no voy a estar recordándotelo y entiendo que tengas muchas cosas que hacer jajaja.
    Un beso guapa! Nos vemos en el próximo<3

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  2. Jajaj tranquila, si yo te espero lo que sea.
    Creo que despues de eso, el chaval no va a volver a gastar una broma jajajaj.
    Es que hay gente que no se para que habla... Solo critican a los demas y luego son unos falsos.
    ¡¡Lo siento!! No quiero que estes depre pero tenia que darle algo de realismo a la relacion.
    Un beso y hasta el proximo <3

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