lunes, 20 de enero de 2014

Capitulo 33 – Nuestro pequeño tatuaje.

¡Buenos días, mundo! Hoy nadie había tenido que despertarme a base de pistolas de agua o megáfonos. Mejor, además odio que me despierten. Me levanté de la cama y en la de al lado estaba mi amiga durmiendo tranquilamente. Que mona. Me metí en el baño y me di una ducha rápida. Cuando salí, miré la hora y casi me desmayo. ¡Eran las siete de la mañana! ¡¿Qué hacía yo despierta?! Siempre soy de las últimas en levantarme. Cosas del destino que querrá que cambie. Pues vas listo, destino. Me senté en la cama aburrida porque no sabía que hacer hasta que una bombillita me iluminó el camino. Salí de mi habitación y conté tres puertas a la derecha. Allí era. Vale, ¿ahora que hacía? Llamé a la puerta sin saber por qué. Unos segundos después se abrió.
- ¿Qué pasa, Carol? - ¡¿acaso estos cinco no dormían o algo?! Ante mí estaba Zayn completamente vestido y arreglado.
- Esto… yo venía a… - piensa cerebro. – No sé a que venía. – gracias, cerebro.
- Anda, pasa. – se hizo a un lado y allí estaba el resto de la banda.
- ¿Vosotros dormís?
- Claro. – respondieron a lo obvio.
- Siempre estáis por ahí despiertos y…
- No es culpa nuestra que tú seas tan dormilona. – vas a morir, Lou.
- Siempre te metes conmigo. – empezó la actuación. – Ya no es como antes. Siempre estabas protegiéndome y preocupándote por mí.
- Carol, yo… - estaba todo saliendo a la perfección.
- Ahora no intentes arreglarlo, ya sé lo que te importo. – me di la vuelta, dándole la espalda. – Como ahora eres una superestrella ya no te preocupan tus amigos normales. Ya no te importan.
- No lo decía en serio. – se levantó de la cama preocupado y se acercó a mí.
- Déjame, si vas a seguir tratándome así lo mejor va a ser que vuelva a Doncaster.
- ¡¿Qué?! – oí dos voces, la de mi novio y mi mejor amigo. Creo que el resto se imaginaba que estaba actuando.
- No te puedes ir. – el que se levantó fue Harry.
- Carol, perdona. – Louis me obligó a girarme. – Yo no… - no pude aguantar más la risa.
- ¡Has picado, Lou! – grité.
- ¡Pero serás…! – se abalanzó sobre mí para hacerme cosquillas.
- ¡A mí también me has asustado! – Harry ayudó a su amigo en su dulce venganza.
- Vaya trío. – oí susurrar al irlandés.

Después de hacer el retrasado un rato, bajamos a desayunar. Solo éramos nosotros seis, las chicas aún estaban en la prisión de Morfeo. Después de volver a hacer el tonto, subimos a recoger las maletas. Yo entré en mi habitación sin hacer ruido acompañada de Liam que se iba a encargar del equipaje de su novia. Bajamos otra vez a recepción y esperamos a que fuera una hora indicada para avisar a las chicas.
- Me aburro. – dijo Niall después de haber bostezado al menos veinte veces.
- Y yo. – me giré hacia él. – Tengo una idea. – le cogí prestada su gorra y le di una bola de papel que había hecho con un panfleto de algún restaurante que había por allí. – Vamos, encesta.
- ¡Yupi! – cogió la bola y tiró a canasta pero se la moví y falló. – Tramposa.
- Lo sé. – le sonreí y así pasamos el rato hasta que las chicas bajaron y nos subimos al enorme autobús que le habían preparado a los chicos por la gira.

Cada uno se fue a hacer sus cosas y cuando digo cosas, me refiero a jugar con el móvil, dormir, tomarse un café, meterse en Twitter y cosas de esas. Yo me había sentado con Jade en la parte de atrás. Veíamos a todos los coches pasar y los saludábamos como cuando éramos pequeñas. Siempre que nos subíamos a un coche, mirábamos por la ventana y saludábamos a los conductores. Justo en ese momento vimos un coche con una mujer como conductora y una adolescente de copiloto. Saludamos a la mujer y nos devolvió el gesto pero de repente la chica se puso a gritar y la conductora se asustó. Los adolescentes de hoy en día están todos locos. Jade y yo nos encogimos de hombros hasta que nos dimos la vuelta. Allí estaba Louis.
- Menudo susto se ha llevado la mujer. – dijo divertida Jade.
- Y vaya alegría que le has dado a esa chica. – contesté en el mismo tono.
- Bueno, que se le va a hacer. Soy irresistible. – dijo con chulería.
- Irresistiblemente memo. – contesté a mi amigo.
- Pero me adoras.
- ¿Cómo no iba a hacerlo? – le di un beso en la mejilla.
- ¿Dónde están los demás?
- Zayn y Sophia durmiendo, Niall, Liam y Harry jugando a la play y las chicas viendo a los chicos jugar. – le explicó el chico.
- Hacía tiempo que no pasábamos tiempo juntos. – cambió de tema Jade.
- Si estamos juntos todo el tiempo. – rió Louis.
- Sí, pero no solo nosotros tres como antes. – sonreí nostálgica.
- Louis, tú estás ocupado con la gira y cuidando de Eleanor. – miró al chico. – Y tú, Carol, tienes que estar pendiente de tu pequeño trabajo como cantante y encima tienes a Harry a tu lado. – me miró esta vez a mí. – En cambio, yo no hago nada.
- Sí que haces, Jade. – se me adelantó Louis. – Estás con tus amigos disfrutando de unas vacaciones increíbles. Eso ya es suficiente.
- Eres el mejor, Lou. – se abrazaron.
- ¿Y yo qué? – puse los brazos en jarras.
- Tú también, Sweetie. – se me tiraron los dos encima para darme besos.

Después de que me dejaran respirar, nos sentamos los tres en el cómodo sillón y hablamos sobre como nos iba la vida. Ya sabíamos la respuesta pero de parte de la televisión y no de nuestros amigos. A Jade la relacionaban mucho con los chicos de One Direction y se inventaban rumores sobre su relación con Logan. Louis, pues el chico nos explicó toda su vida. Cuando le dijimos que nos contara como le iba la vida no nos referíamos a que nos dijera absolutamente todo. Desde que nació hasta ahora. Yo, no tenía mucho que contar. Todo lo que dije ya lo sabéis. Después de eso, nos pusimos a jugar a un juego que nos inventamos de pequeños. Lo sé, de pequeños éramos un poco idiotas. El juego consistía en mirar las matrículas de los coches y decir una palabra, cualquiera. Después, el siguiente tenía que hacer una pequeña rima con esa palabra pero también refiriéndose al conductor. Sí, puede ser un juego muy idiota pero algunas rimas eran graciosísimas y sobre todo si venían por parte de Louis.

¡Por fin en Carolina del Norte! Este cacharro si que había tardado en llegar. Cuando por fin estuve tumbada en la cama del hotel, conseguí cerrar los ojos. Iba a volver a compartir la habitación con Sophia. Me encantaba esa chica, en serio. Las parejas estaban juntas y Harry y Liam en la misma habitación para hacerse compañía. Hoy no íbamos a salir a ninguna parte, o al menos eso es lo que iba a hacer yo. Estaba muy cansada del viaje. No pensaba moverme de la cama si no llega a ser por mi compañera, insistía una y otra vez en que bajara a cenar.
- No tengo hambre. – protesté.
- Tienes que comer. – seguía insistiendo la chica.
- Ya te he dicho que no quiero.
- Vamos, Carol. – contestó pacientemente.
- Cuando tenga hambre comeré.
- Pues tú te los has buscado. – oí unos pasos y una puerta cerrarse. Sí que había sido fácil. Cerré los ojos y me concentré en el sueño. De repente, oí otra vez la puerta.
- Sophia, ya te he dicho que bajaré más tarde. – repetí con los ojos cerrados cansada de lo mismo.
- Yo creo que bajarás ahora. – esa no era Sophia.

Sin pensárselo dos veces, me cargó sobre uno de sus hombros y me llevó lo que se dice a rastras. A este chico cuando le decías que parara, parecía sordo. No quería comer, ¿para qué obligarme? Luego si como y vomito se quejan, si no como se quejan. No hay quien les entienda. Nos metimos en el ascensor junto con una pareja de adultos que al vernos se rieron en silencio. Parece que les hacíamos gracia. ¿Y a quién no? Vaya el numerito que debemos de estar montando. Salimos del ascensor después de que el burro que me llevaba a rastras se despidiera de la pareja y cruzamos la recepción bajo la atenta mirada de todo el mundo. Algunos se reían, otros nos criticaban por los gritos que pegaba para que me bajara y el resto estaba indiferente.
- Ya traigo lo que me pedisteis. – dijo con voz cantarina.
- Gracias, Liam. – Sophia le dio un pequeño beso como recompensa.
- Idiotas. – me senté en la silla y me crucé de brazos.

Allí estaba yo, sentada en la silla viendo a todos comer. No tenía hambre. ¿Cuál era la parte que no se entendía? Al final todo salió como ellos querían. Harry me obligó a comerme la comida mientras yo protestaba. Los demás me decían palabras de apoyo. Ellos sabían lo difícil que era volver a ser la chica que era antes y me intentaban ayudar pero para mí no era suficiente. No era suficiente la manera en la que estaba llevando todo esto. Sabía que la segunda opción que les quedaba era llevarme a un médico o incluso llamar a mis padres. Si hacían lo segundo estaba más que muerta.
- ¡Por fin en mi camita! – Sophia se tiró en plancha sobre el colchón.
- Tengo mucho sueño. – dije mientras me frotaba los ojos.
- Buenas noches, Carol.
- Buenas noches. – se apagaron las luces.
- Oye, Carol. – oí después de algunos minutos de silencio.
- Dime. – dije con voz somnolienta.
- Quiero que sepas que todos intentamos ayudarte con el tema de la comida. No quiero que te sientas presionada ni nada por el estilo.
- Tranquila, Sophia. Ya lo sé, solo que me cuesta. – intenté tranquilizarla. – Gracias por todo.
- Sabes que nos tienes para lo que sea ¿no?
- Si. – y ahí se acabó nuestra conversación.

Un nuevo día. Hoy, supuestamente, iba a estar toda la tarde con las chicas. Por la mañana, cada uno había decidido estar con su respectiva novia. Me levanté de la cama y no vi a Sophia por ninguna parte. Puede que esté en el baño. Cogí la ropa que me iba a poner hoy y esperé unos minutos. En el baño no está, definitivamente. Miré hacia todas partes pero no vi nada hasta que vi sobre su cama un papel. “Me he ido con Liam a dar una vuelta. Se te veía cansada y no quería despertarte. Un beso, Sophia.” Ya sabía donde estaba mi amiga. Mientras me arreglaba un poco el pelo con las manos frente a un espejo, llamaron a la puerta.
- ¿Qué haces aquí? – pregunté sorprendida al ver a Harry.
- Ayer te dije que vendría a por ti para tener una pequeña cita. – me dio unos golpecitos en la cabeza. – Vaya memoria.
- ¿A dónde me vas a llevar? – ignoré su comentario y empecé a dar saltitos de la emoción.
- He estado pensando… - iba a hablar pero me interrumpió. – Sí cariño, sé pensar. He estado pensando y quiero que me acompañes a un sitio.
- Cuanto misterio… - dije con sarcasmo antes de coger el bolso y salir de allí.
- Calla y sube al ascensor. – dijo riendo.

Bajamos hasta llegar a recepción y salimos del hotel. Estuvimos dando un paseo antes de que Harry me llevara a donde sea que tuviera que llevarme. Recorrimos las calles cogidos de la mano y de vez en cuando alguna fan del chico le paraba para que se sacara una foto con ella. A mí no me decían nada, no sabía si eso era bueno o malo. Habíamos parado a mirar un escaparate en la que había una camiseta chulísima y alguien nos interrumpió. Allí delante tenía a una niña de unos diez u once años que nos miraba a Harry y a mí con los ojos brillantes de la emoción.
- Puedo hacerme una foto contigo.
- Claro. – automáticamente Harry se agachó y se puso al lado de la niña.
- Contigo no. – se alejó de Harry. – Con ella.
- ¿Enserio? – ni que tuviera muchos fans.
- Sí, vi la película de los 101 Dálmatas. Me encantó el videoclip de la canción. – le dio la cámara a Harry y nos hizo la foto. – Gracias, mis amigas me van a envidiar. – oímos a la chica mientras se iba.
- Esto es raro.
- En unos meses será normal. – dijo mi chico antes de continuar nuestro paseo.

Caminamos un rato más hasta llegar a una pequeña tienda de tatuajes. ¿Qué demonios hacía yo aquí? Bueno, a lo que iba. Íbamos cogidos de la mano pero yo un poco más retrasada que él. Llegamos al pequeño mostrador y esperamos a que alguien nos atendiera. Siempre me habían dado un poco de miedo los tatuajes y las agujas y estar en una tienda de tatuajes no ayudaba mucho, la verdad. Lo sé, soy una gallina pero que se le va a hacer. Después de unos minutos, apareció un hombre con los dos brazos tatuados y un pañuelo rojo cubriéndole la cabeza. Ese sí que daba miedito. Miró a Harry y después me miró a mí. Supongo que estará pensando en que hago aquí.
- Hola, venía a hacerme un tatuaje. – dijo Harry como si de coger cita para el médico se tratase. Bueno, es parecido. Tenían agujas. ¡Qué miedo!
- Espere un minuto. – el hombretón desapareció.
- ¿Qué te pasa? – preguntó Harry divertido.
- Nada. – Carol, trágate el miedo y disimula.
- ¡Buenos días, chicos! – nos saludó una mujer. – Soy Nicolle.
- Encantado, nosotros somos Harry y Carolina.
- Ya sé quien eres, no vivo en una cueva. – bromeó Nicolle. – Bueno, ¿qué tenías pensado?
- Un amigo me ha hecho un pequeño dibujo de cómo lo quiero más o menos. – sacó un papel que no pude ver bien.
- Interesante. – miró el papel detenidamente. – Vamos chicos, pasad.
- Vamos, Carol. – me cogió de la mano y pasamos a una salita con una camilla de cuero negro en el centro. Al lado había una silla para la tatuadora y todos los instrumentos que utilizaría.
- Bueno Harry, túmbate aquí. – señaló la camilla. Se volvió para mirarme. – Cariño, relájate. Le dolerá más a él que a ti. – me dijo con dulzura.
- Siempre le he tenido miedo a las agujas y bueno…
- Ya verás que todo sale bien. – me tranquilizó Harry.

Asentí con la cabeza y Harry me dio la mano para que supiera que no pasaba nada. La mujer cogió un paño de tela y la aguja y empezó a hacer lo que tenía que hacer. Cada movimiento que hacía con ese aparato infernal sobre la piel de Harry me ponía más nerviosa. Sé que ya tenía muchos tatuajes pero no sé porqué estaba de lo nervios. Miraba hacia otro lado para no tener que sufrir la agonía que me atacaba por dentro. Soy demasiado miedosa pero tengo mis motivos. Al cabo de unas dos horas, Nicolle terminó su trabajo y después de recordarle a Harry los cuidados de su tatuaje, salimos de allí.
- ¿Duele tanto como parece?
- ¿Qué? – me miró confuso.
- ¿Qué si hacerse un tatuaje duele tanto o son paranoias mías?
- Una vez que te acostumbras no duele. – dijo con una sonrisa en la cara.
- Quiero verlo.
- Supuestamente no puedes verlo hasta un rato. – recordó las recomendaciones.
- Por favor. – puse mi mejor cara de cachorrito.
- No me mires así. – estaba funcionando. – Carol, para. – estaba nervioso y se le notaba. – Vale. – nos adentramos a un callejón y se quitó la camiseta. Allí había un pequeño trozo de venda que le tapaba un trozo de la espalda. Se lo quité con cuidado y lo miré. - ¿Y bien?
- Es realmente precioso. – no tenía palabras para describirlo.
- El diseño es de Zayn pero la intención es mía.
- Enserio Harry, es lo más bonito que han hecho por mí.
- ¿Quién ha dicho que sea para ti? – mi cara cambió completamente y él empezó a reírse. Le pegué un puñetazo en señal de protesta. - ¡Ay! Que agresividad. – le miré con el ceño fruncido. – Claro que lo he hecho por ti, pequeña.
- Gracias, Harry. – le abracé.
- De nada. – me besó la cabeza. – Y recuerda, este será nuestro pequeño tatuaje.


2 comentarios:

  1. ¡Hellou!<3
    Ay, me ha encantado este capítulo, como siempre. Si es nunca me decepcionas.
    Tengo que decir que están todos como una cabra jaja lo suyo ya no es normal.
    Bien, continuamos con la mini-cita de Harry y Carol, lo más mono. ¿Y el detallazo del tatuaje? Lo más tierno. Enserio, he muerto de amor en esa parte. Pobre Carol, que tiene miedo a las agujas, ¡pero ya tiene su primer fan! ¡Hay que celebrarlo! Sé que va a llegar muy lejos jajaja.
    Y en cuanto a la comida, me tiene preocupada, aunque serán imaginaciones mías porque ya lo tiene casi controlado.
    Bueno, nos vemos en el siguiente cap.
    Beesos xx.
    PD: Llámame tonta, pero yo tengo un juego de matriculas similar al de los chicos xd.

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  2. !Hola! <3
    Gracias, gracias, gracias y mil veces gracias.
    Creo que tienes razón, están todos mal de la chota. JAJAJAJ
    ¿La mini-cita? Pues que decir... El tatuaje ha sido un detallazo súper-romántico. Coincido contigo.
    Sí, pobre Carol y su miedo pero... ¡TACHÁN! ¡YA TIENE SU PRIMER FAN! Party time, all day, all night...
    La comida es un problema serio pero tranquila que hace lo que puede, no te preocupes.
    Hasta el siguiente.
    Un beso. ox
    PD: Yo juego a eso con mi hermano en el coche. JAJAJAJ

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