domingo, 9 de febrero de 2014

Capitulo 35 – Recordando viejas amistades.

¡Ay! ¡Maldito dolor de cabeza! Todos tenían razón. El alcohol es una mierda. Ahora me va a tocar fingir que estoy bien para que no se den cuenta de que ayer bebí un poquito. Bueno, un poquito no pero no se notó mucho. Soy una experta en todas las artes de la disimulación. Dejando tonterías aparte, me levanté la primera sin hacer mucho ruido. No podía despertar a nadie. Me metí en el baño e intenté arreglar mis ojeras con un poco de maquillaje. Esto funcionaría y no me harían preguntas si es que llegaban a acordarse de algo de lo ocurrido. Carol, eres genial.
- ¿Qué haces despierta tan temprano?
- No podía dormir. – claramente no podía decirle que intentaba borrar todo rastro de una posible resaca.
- Aún es temprano. – miró el reloj de su muñeca. - ¿Quieres hacer algo?
- ¿Damos una vuelta? – me miré en el espejo. Misión cumplida.

Harry se vistió en cuanto salí del baño y yo aproveché que estaban todos dormidos para hacer lo mismo. Enseguida estábamos listos para dar ese paseo. Bajamos por el ascensor sin hacer mucho ruido porque aún era temprano y salimos del hotel. El frío aire matinal nos golpeó en la cara en cuanto cruzamos la puerta de salida. Menos mal que había cogido una sudadera. Que raro. El reloj de una plaza marcaba las ocho y media de la mañana. Eso quería decir que si… perdonad, no se me dan muy bien las mates. Pero creo que había dormido alrededor de tres horas y media. Después de estar cinco minutos dando vueltas por la plaza, entramos en un Starbucks a desayunar.
- Coge mesa mientras yo pido. – le dije a la vez que me ponía en la cola. Solo había unas pocas personas madrugadoras.
- Ni que alguien fuera a quitarnos la mesa. – dijo Harry con sarcasmo antes de irse riendo.
- Buenos días. – dije educadamente cuando me toco pedir.
- Buenos días. – me contestó el chico que iba a tomarme el pedido.
- Querría un Caramel Macchiato y un Frapuccino de caramelo. – anotó todo en ese ordenador que había en todos los bares. – Ah, y también un muffin de chocolate y otro de arándanos.
- ¿Es todo? – me preguntó con una sonrisa en el rostro. ¿Quién puede estar contento a esta hora de la mañana?
- Sí. – le devolví la sonrisa por educación.
- ¿A qué nombre lo pongo? - ¿de qué habla? Ah, claro. Ni que no hubiera venido nunca a un Starbucks…
- Oh, pues a… - me quedé pensando un segundo. – Un sexy con rizos.
- En un segundo lo tendré todo listo. – me regaló una última sonrisa y se fue a prepararlo después de que pagara el pedido. – Puede ir a sentarse, enseguida se lo llevo a la mesa.

Fui hasta la mesa donde me esperaba Harry y me senté con él. Estaba haciendo algo en su móvil y no parecía muy contento. No quería preguntar para no meterme en cosas que no me incumben pero es mi novio y todo lo que le pase es asunto mío ¿no? Pero tampoco quiero ser una novia cotilla, no quiero que piense eso de mí. Que soy una loca psicópata y celosa. Mejor dejo de pensar que me estoy haciendo un lío impresionante.
- Aquí está el pedido para… - leyó lo que ponía en uno de los vasos y primero me miró a mí para después reír y mirar a Harry. – Un sexy con rizos.
- Esto… gracias. – dijo un tanto incómodo. Yo no podía parar de reírme de la cara de Harry. El camarero se fue a la vez que se reía. - ¿Qué ha sido eso?
- ¿No es obvio? – no podía parar de reírme. – Eres tú.
- ¿Así que eso es lo que piensas de mí? – arqueó una ceja con una sonrisa. – Me alegra saberlo.
- Bueno, es lo que no paras de repetir. – volví a reír.

Estuvimos bromeando sobre el tema durante un rato más. Me lo estaba pasando genial con Harry pero ese maldito dolor de cabeza seguía ahí. Nota mental, no volver a probar el alcohol en la vida. Bueno, ahora digo eso pero luego no lo tendré en cuenta para nada. Salimos del Starbucks a eso de las nueve y media para volver al hotel. Los demás no se levantarán hasta por lo menos tres horas. En cuanto llegamos a la habitación, pude ver a ocho personas durmiendo como si fueran angelitos. Estaban adorables pero eso iba a terminar en menos de lo que canta un gallo. Decidida, fui hacia la ventana y subí la persiana dejando que la luz del sol ilumine a mis amigos. Nada más notar el calor y la luz en sus caras, unos quejidos empezaron a oírse.
- ¡Baja eso!
- ¡Queremos dormir!
- De eso nada. – fui hacia la cama de Niall y lo destapé. – Es hora de levantarse.
- ¡Te odio! – dijo el rubio.
- Lástima que no pueda decir lo mismo. – le di un beso en la mejilla y me fui con Harry otra vez a dar una vuelta.
- Esa no era la forma que tenía en mente de despertarlos. – dijo riendo después de dejar un pequeño beso en mi mejilla.
- Eso les pasa por dormilones.
- Buscarán venganza y lo sabes.
- Les estaré esperando. – no pude evitar reír maléficamente. – Oye, Harry. – no sabía si interpretar el papel de novia paranoica pero tenía que saber lo que le preocupaba esta mañana. – Cuando estábamos en el Starbucks desayunando parecías preocupado. ¿Va todo bien?
- ¿Eh? Sí, claro. – no parecía muy seguro.
- Sabes que puedes contarme lo que sea ¿no?
- Claro pero tranquila, no es nada. – después de mirarme unos segundos acabó cediendo. – Cuando estabas pidiendo el desayuno, Taylor me mandó un mensaje.
- ¿Taylor? ¿Te refieres a Taylor Swift? – eso no me lo esperaba. Harry asintió con la cabeza. - ¿Y qué quería?
- Que fuera a su concierto. – mi cara era de asombro total. – Me ha dado dos entradas para que te lleve conmigo. Quiere conocerte.
- ¿A mí? ¿Por qué? – hombre, que una cantante tan famosa como ella quiera conocerme es todo un honor pero precisamente ella… No lo creo.
- Supongo que querrá saber quien es la chica que le ha quitado el puesto. – se encogió de hombros mientras me pasaba un brazo por la cintura. – Aunque si no quieres, no vamos. No es ninguna obligación ni nada.
- A mi me da igual. – el que no quería ir era él pero si decía que no íbamos, Taylor habrá conseguido lo que mi mente creía que quería. Pensar que le tengo miedo o algo así.
- Si cambias de idea me lo dices ¿vale?

Los demás se reunieron con nosotros unos minutos más tarde. Menos mal porque si continuaba la conversación iba a acabar en pelea. No me gustaba ver a Harry así, bueno, así de preocupado. Preocupado por volver a ver a su ex novia pero si no iba, Taylor pensaría que me da miedo y que no sé actuar en esas situaciones o incluso que ella es mejor que yo, lo que es obvio. Después de comerme el coco durante siglos, me di cuenta de que estaba en el autobús del Tour rumbo a nuestra siguiente parada. Texas. Allí es donde se celebraría el próximo concierto de la gira de los chicos y donde estará también la encantadora princesa de Estados Unidos, Taylor Swift.
- ¿Te puedes creer que llevo casi tres temporadas de Pequeñas Mentirosas y aún no sé quién es A? – le dije a Liam en cuanto se sentó a mi lado.
- Suele pasar, si no, no hay serie. – se encogió de hombros.
- Sabes, me gustaría ser como Hanna. Decidida y segura de sí misma. – continué mirando a la rubia actriz. – Ya sabes, no tener preocupaciones.
- Vamos, Carol, cuéntamelo. – me había pillado.
- No quiero ir a Texas.
- ¿Por qué? – dejó de mirar la tele y se centró en mí.
- No quiero ver a la ex de Harry.
- Pues no vayas. Es fácil. No quieres verla, no vayas.
- No quiero que piense que me da miedo.
- Carol, no tienes la obligación de conocerla. – me pasó un brazo por los hombros y me acomodé en su pecho. – Puede que Taylor y Harry hicieran las cosas mal, puede que Taylor decidiera vengarse de Harry y puede que Harry quiera dejarlo pasar pero tú no eres ninguno de ellos y no formas parte de su guerra. Es tu decisión.
- No sé que hacer.
- Yo te lo voy a decir. – puso sus dos manos en cada uno de mis hombros y me obligó a mirarle a los ojos. – Vas a ir a ese concierto, te lo vas a pasar como nunca con Harry y después vas a demostrarle a Taylor que tú eres mil veces mejor que ella.
- Vaya, y yo que pensaba que eras… normal. – le regalé una pequeña sonrisa.
- Se ha acabado el capítulo. – señaló la pantalla mientras reía.
- ¿Te apetece ver Crónicas Vampíricas? – me encantaba esa serie, igual que la anterior.
- Si no hay más remedio. – rió.
- ¿Qué hacéis? – nos interrumpieron Zayn y Niall.
- Ver a Damon. – dije con emoción.
- ¿De qué habla? – le preguntaron a su amigo.
- Crónicas Vampíricas. – fue lo único que dijo Liam.

Zayn se sentó en el sofá y Niall en el suelo. El lugar era pequeño y no cabíamos todos sin estar apretados pero yo me había cogido el mejor sitio. Mi cabeza estaba sobre las piernas de Zayn y mis piernas sobre las de Liam. Por lo menos había conseguido olvidarme de mis problemas durante una hora que era lo que duraba el episodio.

¡Bienvenidos a Texas! Un bonito cartel daba la bienvenida al estado de Texas a los chicos de One Direction. Aún quedaba una hora de viaje hasta no sé donde que se celebraría el concierto y habíamos decidido parar un rato para descansar de tanto viaje.
- Hola, canija. – se sentó Louis a mi lado en la sombra del autobús.
- Buenas, viejo. – le devolví el saludo.
- Sé que después de que te diga esto me vas a odiar y tienes todo el derecho. – se estaba aguantando la risa.
- ¿Qué has hecho? – me giré al instante para mirarle.
- Bueno, nada importante. – pasó una de sus manos por su pelo.
- Desembucha, cerdo.
- A ver, tú ya deberías haber empezado las clases así que llamé a tú madre y, bueno ya te lo imaginas.
- ¡¿Pero qué has hecho?! ¡Ahora mi madre querrá que vuelva!
- Eh, tranquilidad absoluta. No vas a volver a ningún sitio primero porque no quiero que te vayas y segundo porque el resto me mata. – rió de su comentario. – Estuve hablando con ella y hemos llegado al acuerdo de que no te vas pero que sigues estudiando.
- ¿Por qué?
- Aún no has terminado el instituto así que es lo que toca. Vas a tener un profesor particular.
- Pues muere. – me crucé de brazos y me enfurruñé.

Ahí nos quedamos hasta que llegó la hora de seguir nuestro camino. No estaba enfadada con Louis, lo había hecho porque se preocupaba por mí y quería que continuara con mis estudios. El miedo que había tenido era que mi madre me hubiera hecho volver a casa.

Llegamos a una de las ciudades de Texas, no sé cual, no estaba prestando atención. El enorme autobús paró frente a un hotel que estaba lleno de fans. Los chicos bajaron primero para saludar a las cientos de chicas que allí había y después les seguimos nosotras. No sé como podían aguantar esto todos los días. Si yo tuviera que ir a comprar el pan todas las mañanas y encontrarme con cientos de personas antes de dar tres pasos, no sé que haría. Bueno, es su trabajo y les encanta así que me imagino que esto también por sus sonrisas dedicadas a todas esas chicas. ¿A qué chico no le gusta estar rodeada de chicas?
- Esta es. – dijo Eleanor abriendo la puerta de la habitación que compartiría con Louis.
- Bien, acordaros de que a las ocho y media hay que estar abajo para cenar. – recordó Rose.
- Vale. – respondió Harry mientras buscaba la tarjeta de la habitación es sus bolsillos. Se la acababan de dar y ya la había perdido, que voy a hacer con este chico…
- Harry, ¿has encontrado la tarjeta?
- Un momento, estaba aquí hace un minuto. – siguió buscando.
- ¿Harry? – una voz hizo que dejara de buscar.
- ¿Eh? – se giró y allí había una preciosa chica rubia. Taylor Swift.
- Me alegro de volver a verte. – le abrazó.
- Eh, y yo. – le devolvió el abrazo un poco cortado.
- Hola, tú debes de ser Carolina. – no parecía tan mala como me la imaginaba.
- Sí, es ella. – contestó Harry por mí al ver que no podía hablar.
- Un placer, he oído maravillas de ti. – me tendió una mano.
- Lo mismo puedo decir. – pude decir con confianza. Le estreché la mano y hubo una guerra de miradas entre nosotras.
- Tengo que irme a ensayar pero si queréis podemos quedar mañana para comer. ¿Iréis a mi concierto? – Harry me miró nervioso.
- Claro, allí nos veremos, Taylor. – metí la mano en el bolsillo de la chaqueta de Harry y saqué la tarjeta para abrir nuestra habitación. – Nos vemos mañana.
- Hasta mañana. – se despidió antes de que Harry cerrara la puerta.
- ¿Qué ha sid…?

No le dejé terminar porque mis labios estaban sobre los suyos. Este beso no era como los otros. No era tierno, no era de amor. Era un beso de desesperación. Para demostrarle que solo era mío. ¿Estaba celosa? Sí, y mucho. Ninguna persona puede tratar mal a Harry y después pretender que todo esté bien. No lo iba a permitir. Sin querer, chocamos contra la cama y Harry se quedó sentado sobre ella.
- Carol…

Lo volví a interrumpir con otro beso. Me senté sobre sus piernas y continuamos besándonos. No sé que me pasaba. Yo no era así. Fui metiendo mis manos por debajo de su camiseta. Mi cabeza no pensaba con claridad. Le saqué la camiseta y le miré. Estuve un segundo contemplando su perfecto rostro y su perfecto cuerpo hasta que mi cerebro me regaló una imagen. Eran Harry y Taylor. Estaban en la misma cama y en la misma posición. Parecía que disfrutaban cada uno del otro. Sacudí la cabeza y Harry me miró con preocupación. Iba a hablar pero no le dejé. Ahora sí que sentía desesperación, impotencia y miedo por mis venas. Harry era solo mío.

Ocho personas nos estaban esperando con cara de pocos amigos, sobre todo el rubio. Eran las nueve y media y nosotros acabábamos de llegar al punto de encuentro para cenar una hora más tarde de la acordada.
- ¿Se puede saber dónde estabais? Llevamos esperando una hora y ni siquiera os dignáis a coger el móvil. – nos regañó Liam.
- Lo sentimos. – dijimos los dos a la vez. Parecíamos dos hermanos siendo regañados por su padre.
- No pasa nada, vamos a cenar.

A la mañana siguiente, me desperté después que Harry. Aunque allí estaba, mirándome mientras acariciaba mi espalda por encima de mi pijama. No quería moverme de allí, quería estar con Harry así el resto de mi vida. Acuérdate de que vas a volver a ver a Taylor. ¿Quién ha dicho eso? Yo. ¿Quién es yo? Tú conciencia. ¿Solo estás para molestar? Y para hacerte ver que no todo es tan genial como quieres pensar. ¡Déjame en paz! Yo te he avisado. Luego no me vengas llorando y diciendo que tenía razón. Tranquila, no lo haré.
- Vamos, Carol. Taylor nos está esperando para comer. – me avisó Harry mientras se vestía.
- ¿Qué hora es?
- Casi la una. – me contestó riendo.
- Oh. – me levanté y comencé a vestirme. ¿Qué hace una para impresionar a la ex novia de tu novio? Al final elegí unos shorts vaqueros de cintura alta, una blusa blanca transparente y unas sandalias.
- Estás preciosa. – me besó la mejilla.
- Gracias. – dije antes de ponerme un poco de gloss rosa en los labios. Acabé de maquillarme y salimos de la habitación.
- Que coincidencia que salgamos a la vez ¿no? – rió Taylor al vernos.
- Sí. – Harry le mostró una sonrisa nerviosa.
- ¿Vamos?
- Claro. – una sonrisa falsa salió de mi cara.

Andamos por las calles de la ciudad hasta encontrar un restaurante bonito. Algunos fans paraban a Harry o a Taylor para sacarse una foto y les preguntaban si volvían a estar juntos. ¿Es que no lo veían? Estaba conmigo, solo conmigo. Duele que la gente piense que está mejor con su ex que contigo ¿no? ¡Déjame! Intentaba participar en la conversación de vez en cuando pero que podía decir. “Oh, sí. El otro día me encontré con Justin Bieber y nos fuimos a tomar algo para celebrar el lanzamiento del nuevo disco.” Claramente no iba a decir eso.
- ¿Qué tal los estudios? – se interesó Taylor.
- Bien.
- ¿Te gusta mi música? – intentaba mantener una conversación conmigo aunque fuera una tarea imposible.
- Pues, la verdad, un poco. – ¿para qué mentirle?
- Espero que te lo pases bien en el concierto. – me sonrió. - ¿Iréis a la fiesta de después?
- Lo intentaremos. – contestó Harry por mí. Y volvieron a ponerse a hablar.

Al final, para no aburrirme decidí coger el móvil y hablar con las chicas por nuestro grupo de Whatsapp. Habíamos metido a Sophia porque ya era una más. En cuanto hablé por el grupo, inmediatamente supusieron que algo iba mal. Me atiborraron a preguntas que no dudé en contestar una a una. Harry y Taylor no parecían darse cuanta, estaban tan absortos en la conversación que no me hacían caso. Les conté que me aburría, que Taylor intentaba ser simpática conmigo pero que no me fiaba y que quería volver al hotel. Entre todas intentaron ayudarme. Me dijeron que le diera una oportunidad y que intentara pasármelo bien.
- ¿Segura que quieres ir al concierto? – volvió a preguntarme Harry.
- Sí, pesado.
- Es que a la hora de la comida estabas un poco…
- ¿Aburrida? Será porque lo estaba. – dije cortante.
- ¿Por qué? Tú dijiste que querías ir con ella a comer.
- Sí, pero no me imaginé que estaríais hablando de vuestras cosas de famosos todo el rato.
- Lo siento. – estiró una mano hacia mí.
- No te disculpes. – se la aparté. – La gente tiene razón. Yo no soy la chica adecuada para ti.
- ¿Por qué dices eso?
- Oh vamos, ella te entiende perfectamente. Ella sabe lo que es tener a la mitad del planeta comiendo de tu mano al igual que tú. Ella tiene toda la clase de lujos que tienes tú. La cosa más cara que tengo en mi armario es el vestido que me regalaste y porque me lo regalaste tú, si no, no tendría nada que valiera ni la mitad de sus cosas.
- Pero eso no tiene nada que ver.
- ¿Ah, no? Claro que tiene que ver. – pasé una mano por mi pelo. – Harry, ella es perfecta para ti. Yo, en cambio, no soy nada.
- Pero…
- No intentes decirme que soy perfecta para ti ni ninguna chorrada como esa. Seamos realistas. Te mereces a una chica que esté a tu altura y sabes perfectamente que no soy yo. – cogí una de las dos entradas que había encima de la cama y la rompí. – Pásatelo bien en el concierto.

Salí antes de arrepentirme de lo que había hecho. Esa comida con Taylor me había hecho despertar del sueño que estaba viviendo. No todo podía ser perfecto y esto no lo iba a ser por más que me hubiera gustado que lo hubiese sido. Harry se merecía una chica como él y Taylor era maravillosa. Era guapa, lista, divertida y famosa. Todo lo contrario a mí, bueno, puede que las tres primeras cosas lo fuese un poco pero no estaba preparada para vivir en su mundo. No voy a decirte que te lo dije pero, ¡te lo dije! Vete a la mierda, maldita conciencia.
- ¿Simon? – dije en cuanto cogieron el móvil.
- ¿Carolina? Que sorpresa. – oí la voz alegre del hombre. - ¿Ocurre algo?
- Querría hablar con usted de una cosa. – no quería llorar.
- Te escucho. – se puso serio, parece que notó el tono de mi voz.
- Quiero romper el contrato.


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